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Junio 30, 2009 • 5:39 pm 0
Las uvas de la ira (John Ford, 1940)
Ésta es una de esas películas para ver con ánimo, con predisposición, con tranquilidad, con el corazón limpio y abierto. Aunque ninguna de esas características se cumpla, en todo caso, seguramente su genialidad consiga abrirse paso a pesar de todo. Las uvas de la ira es una de esas obras maestras que nos hacen recordar por qué el cine a veces es Arte con mayúsculas.
También es una demostración de cómo se puede hacer una novela de tinte político y social sin ser panfletario, sino humanista. Donde la novela del mismo nombre de Joseph Steinbeck se adentra en el panfleto marxista, el guión de Nunnally Johnson y la dirección de Ford convierten a la película en un desgarrado grito en favor del hombre. Desgarrado por sincero, no se crean, no por sensiblón ni por almibarado. Donde Las uvas de la ira emociona es porque es imposible no hacerlo, porque aquella historia, a su manera, es también la nuestra, y seguramente será también la de nuestros hijos. Y la de nuestros nietos.
Esta película es una historia de desheredados. Al contrario que en la bienaventuranza, en esta película unos granjeros de Oklahoma no heredarán la tierra. Una tierra que consideran tan suya como sus hijos y sus hermanos: han nacido, han crecido y han muerto, y han sido matados, por ella y en ella. Y de repente la maquinaria capitalista sin nombre, que en la Gran Depresión, como siempre en estas crisis, se ceba con el eslabón más débil de la cadena, aparece con sus máquinas y derriba abajo su casa. Uno de los diálogos de la película habla de esto, y de hecho quizá sea uno de los mejores jamás escritos sobre este tema:
-Me mandaron a deciros que estáis deshauciados.
-Quiere decir que me echa de mi tierra.
-No hay por qué enfadarse conmigo, yo no tengo la culpa.
-Pues entonces ¿quién la tiene?
-Ya sabes que la dueña de la tierra es la compañía Sonvilland.
-¿Y quién es la compañía Sonvilland?
-No es nadie. Es una compañía.
-Pero tiene un presidente. Tendrá alguien que sepa para qué sirve un rifle, ¿verdad?
-Pero hijo, ellos no tienen la culpa. El banco les dice lo que tienen que hacer.
-Muy bien, ¿y dónde está el banco?
-En Tulsa, pero no vas a resolver nada allí, sólo está el apoderado. Y el pobre sólo trata de cumplir las órdenes de Nueva York.
-Entonces ¿a quién tenemos que disparar?
(Un enorme tractor derriba la casa del hombre)
Esta película es, también, una película de viajes, o sea, a su manera, una road movie. En ella se nos narra el viaje de la familia Joad a través de la Route 66 durante más de 1600 km., desde Oklahoma hacia la tierra de California, donde se supone que hay tierras verdes y prósperas, buen trabajo bien pagado, y esperanza. Eso pone en un papel que les han dado. En el fondo, esta película es una road movie atípica porque es un viaje a ninguna parte. Ni es una Odisea porque no hay héroes. En esta película no hay héroes, ni buenos, ni tampoco malos. Los que deberían ser héroes están resignados y tratan sólo de salir adelante y sacar adelante a los suyos, y los malos, sus nombres y sus caras, están diluidos bajo las compañías, los ranchos y los ayudantes del sheriff.
En esta película, todo el mundo trata, con más o menos fortuna, de ser feliz; como todo el mundo coño. A veces hay momentos de tranquilidad y para la risa, pero la mayoría del tiempo es golpe tras golpe, a pesar de lo cual los protagonistas siguen adelante, empujados por un viento de esperanza, de fuerza y de unión que el espectador a veces ni siquiera entiende de dónde sale. Y, sobre todo, es una película que reivindica el papel de la familia como motor del mundo, y el papel de la persona individual como motor del cambio, y del papel de la mujer como pieza clave a la hora de construir cualquier cosa que queramos que dure más que un par de asaltos.
Larga vida a esta película. Te quiero, John Ford.
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Junio 29, 2009 • 3:50 pm 3
El Cerero, cocinero: lomo de cerdo en salsa
Segundo triunfo consecutivo en mi enfrentamiento con los fogones. Hoy, una receta sencillita, pero efectiva -¡y con minivídeos!: lomo de cerdo gordo en salsita. Para empezar, como siempre, los ingredientes. Fási fási. Un cacho gordo de lomo de cerdo, de aproximadamente kilo y medio para cuatro-cinco personas, según las ganas de comer del personal, se entiende. Como en mi casa somos tres, pues compré un trozo de un kilo. También necesitaremos cuatro o cinco cebollas -dependiendo del tamaño de las mismas-, dos cabezas de ajo, vino, aceite, pimienta negra, sal, y una hojita de laurel.
Lo primero que haremos será preparar los ingredientes para la salsa y limpiar la carne. Para la salsa, pelaremos y lavaremos las cuatro o cinco cebollas -acuérdense de quitar la primera capa para evitar problemas- y la cortaremos en juliana; no importa que no sea muy fino porque luego pasaremos todo. En cuanto a los ajos, pelamos las dos cabezas enteras, y fileteamos o no según nos guste más o menos el sabor del ajo. Ya que son muchos ajos para pelar, recomiendo que, una vez deshecha la cabeza, coloquéis todos los ajos en un cuenco con agua y los coloquéis un minuto en en el microondas. Cuando lo saquéis, las pieles de los ajos saldrán solas.
Una vez hecho esto, procedemos a limpiar la carne. Básicamente, lo que haremos será eliminar la grasa sobrante, así como las ternillas y eso que salten más a la vista, para evitar sorpresas al comensal (en este caso, yo mismo :P). No conviene tampoco quitar toda toda la grasa, porque la carne se quedará seca y eso sí que no mola. Esto se puede hacer con un cuchillo grandecito y bien afilado o con una tijera, como veáis.
Ahora vamos a proceder a darle un primer golpe de calor a la carne. Cogemos una olla exprés (no hace falta que sea una Magefesa der dieciocho) y ponemos en ella aproximadamente un dedo y algo de aceite. Salpimentamos la carne por ambos lados, extendiendo y mezclando la pimienta y la sal con la palma de la mano. Luego, dejamos que se caliente bien el aceite y colocamos el trozo de carne encima. Dejamos que se dore bien la carne por un lado y luego, ayudándonos con dos tenedores, le damos la vuelta. No tengáis miedo de que la carne se quede turraíta por encima, de hecho, es lo deseable; dará color y sabor a la salsa luego. Cuando tengamos la carne dorada, la sacamos del perol y la dejamos aparte de momento. Tapada con un platito, pa que sude ;-).
Una vez apartada la carne, y en el mismo aceite donde la hemos dorado, echamos el ajo y dejamos que dore. Cuando lo haya hecho, echamos también las cebollas, su sal, y ahora tranquilamente la tenemos atendía hasta que se poche una mijita -tampoco hace falta que se quede renegría-. Esto llevará unos cuantos minutos. Recordad que tanto esto como el dorado de la carne no hay que hacerlo a fuego fuerte, sino medio.
Ya ha pasado lo peor, casi. Cuando tenemos la cebolla y el ajito pochado, volvemos a meter la carne en la olla, y de paso echamos también el liquidito que ha soltado la carne sudando durante este tiempo ;-). Lo de reciclar líquidos y salsas y aceites es algo que mola casi siempre. Le damos un golpe de calor a la carne por cada lado antes de nada, junto a la cebolla y el ajo. Una vez hecho esto, procedemos a echar un chorreón gordo de vino al gusto. Pero chorreón gordo eh, sin miramientos. Ahora, echamos la hojita de laurel y dejamos que reduzca y se evapore el alcohol.
Cuando el alcohol termine de reducir, añadimos a la olla dos vasos de agua. Hecho eso, tapamos la olla a presión, y subimos el fuego. Cuando de la olla empiece a salir vapor y aquello suene a que está hirviendo fuerte, lo bajamos a media potencia y esperamos unos 12 minutos. Cuando hayan pasado, apagamos el fuego y retiramos la olla del fuego. Cuando la cosa se calme y se temple, abrimos la olla, le damos la vuelta a la carne con los dos tenedores y repetimos operación. Fuego fuerte hasta que salga vapor de la olla, y luego 12 minutos. Cuando esté listo, sacamos la carne aparte, que ya estará lista, y volvemos a dejarla sudando cubierta.
Y ya casi hemos acabado. El resto de cosas que tenemos en la olla necesitan un poquito de minipime pa quedarse flama. Así que vamos a por la batidora y la aplicamos sobre la salsa. Según la textura que queramos conseguir dejamos reducir la salsa más o menos tiempo, e incluso si nos sale muy líquida podemos echar un poquito de harina diluida en agua fría. Pero, normalmente, no será necesario.
Ahora sólo queda cortar la carne en ronchas y servirla en el plato, salseando por encima, y acompañándola con su buen bollo de pan y su vinito. En mi caso, he abierto una botella de Lambrusco que tenía mi madre por mi casa. No es gran cosa, pero con el calor que hace por Sevilla, entra bien. Y a disfrutar.
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• 2:50 am 1
El autor en el cine de los estudios (II): consideraciones finales
(Viene de este artículo, publicado el lunes pasado)
Esto nos hace preguntarnos, como se han preguntado los magnates de Hollywood desde siempre, qué es lo que necesita una película para triunfar. O un realizador, o un guionista. Por qué lo que hace un año funcionaba deja de hacerlo. Si es imprescindible contar con el star systempara triunfar. Si cuando un realizador encuentra un género en el cual funciona bien deberían estarle vetados el resto, no vaya a ser que.
Para esto, desde luego, no hay respuesta. Pero, después de haber hecho este brevísimo repaso por la obra de Wilder, no me gustaría acabar este texto sin hacer algunas consideraciones personales sobre las nociones de autor, de género y de estudio, tan presentes y decisivas para el cine de la época.
En mi opinión, en el cine clásico pueden reconocerse varias tipologías de autores. Por ejemplo, creo que, de nuevo por influencia de loscahieristas, que por cierto tardaron muchos muchos años en querer colocar a Wilder a la altura de los –para ellos- grandes realizadores, desde nuestra perspectiva nos resulta bastante más fácil identificar la figura del autor con la del guionista. De hecho, se valoraba mucho en la época, por su rareza, y se valora hoy, por la valentía y la trascendencia, que un realizador escribiera sus propias películas (recordemos el férreo sistema de producción del cine de la época). Lubitsch fue de los primeros grandes de los estudios –por no retrotraernos hasta los tiempos de Griffith, o a las primeras obras de Cecil B. DeMille o Erich Von Stroheim-, y en esta época continúan no sólo Wilder, sino también otros grandes de la época como Mankiewicz, en una estela que encuentra su culminación en el genio de Orson Welles, capaz de renovar por completo una forma de hacer cine –Ciudadano Kane- y a la vez de, prácticamente, dilapidar un género –Sed de mal, que finiquita el cine negro allá por 1958-.
Sin embargo, no sólo de guiones vive el cine. Y en cine clásico americano podemos encontrar grandes realizadores que, sin necesidad de escribir sus propios guiones, supieron dotar a sus obras de personalidad propia, y se han ganado no ya un nombre en la Historia del Cine, sino hasta un altar si hace falta. Sus nombres muchas veces aparecen diluidos por considerarse durante mucho tiempo indignos. Como se consideró durante un tiempo a Buero Vallejo en la literatura española: indigno, por haberse rendido, por haberse resignado. Por haber claudicado ante las imposiciones de contenido y tono del sistema de los estudios. Gracias a Dios, el tiempo está devolviéndolos a su lugar. No hablo ya sólo de autores que, a pesar de todo, fueron reconocidos en su tiempo, como Walsh, Elia Kazan o King Vidor. También otros que fueron menos reconocidos durante mucho tiempo –Mamoulian, Compton Bennett, o Tay Garnett, por poner algunos ejemplos-.
Desde luego, esto también podría llevarnos a hablar de la importancia del género y del estudio. Como todos sabemos, hubo estudios que, ya desde su fundación, se especializaron en ciertos géneros, como la MGM con el musical o la Universal con el cine de terror. Otros, como el western, se hicieron enormemente populares y fueron cultivados prácticamente por todos los estudios. Sin embargo, también sabemos que el género no es más que un contenedor, un pacto comunicativo entre emisor y receptor, unas reglas del juego que todos aceptamos a la hora de sentarnos frente a una película. Y con estas reglas, podemos jugar a muchos juegos diferentes, y podemos contar casi infinitas –o sin el casi- historias. A pesar de ello, es innegable que hubo ciertos autores que, dentro de un estudio y de un género, funcionaron muy bien, y que fuera de ellos no cosecharon grandes éxitos. Algunos ejemplos: Irving Pichel o Curtis Bernhardt. También aquí podríamos aquí volver a mencionar a Preminger, que realizó obras maestras dentro del género negro y de suspense: Laura, Cara de Ángel, Ángel o diablo o Anatomía de un asesinato. Incluso podríamos establecer una línea que llegara hasta Sidney Lumet.
En todo caso, y como apunte final, la idea que quiero explicitar es que esa férrea imposición de la que se habla una y otra vez en el sistema de los estudios tal vez sirvieron de directrices creativas y estilísticas, renovadas año tras año con los estudios de audiencia, que empujaron a muchos directores que tal vez sin ellas no hubieran sido tan grandes. No es necesario recordar que una de las grandes de la Historia del Cine, Casablanca, fue realizada por Michael Curtiz, uno de esos directores teóricamente alienados por la industria al que ya no se le esperaba. Y, en todo caso, la Historia del Cine nos ha demostrado una y otra vez que, como en el resto de la Historia del Arte, el talento y la creatividad se abren paso solos a pesar de todas las trabas que se les quieran poner.
Los ejemplos son muchos. Por esas reglas limitadoras pasaron muchos de los más grandes del cine, y a pesar de ello consiguieron contar lo que querían contar, y lo contaron como quisieron contarlo, e hicieron obras maestras a las que, como se dice de Rebelión en la granja, no les sobra un punto ni una coma. Seguramente, ni siquiera hace falta mencionar sus nombres: Capra, Ray, Hawks, Ford… y también Billy Wilder. Claro.
Junio 28, 2009 • 8:41 pm 0
From this day forward (John Berry, 1946)
Esta tarde me he tragado esta película casi desconocida de John Berry. Estrenada poco después del final de la II Guerra Mundial, el espíritu de está película está imbuido del ambiente de aquella época; que, curiosamente, podremos encontrar -a su forma- en nuestro propio mundo.
Ésta historia es la de Bill Cummings -Mark Stevens-. Un americano común, tornero-fresador de profesión. También es la historia de un hombre enamorado, y luego la de un hombre casado, y la de un hombre en paro, y también la de un hombre que se ve obligado a alistarse en el ejército para huir de una situación difícil. La otra mitad de esta historia es la de Susan Cummings -Joan Fontaine-.
Esta película, cuyo ambiente social algunos verán concurrir con el nuestro, tiene ese toque del neorrealismo italiano, pero sin ser tan desoladora como algunas películas de este estilo. Y eso precisamente la encumbra. Es una película que navega por el drama durante todo el metraje; una película recorrida por la incertidumbre y el miedo, surcada por un hombre y una mujer que vagan sin saber muy bien nada acerca de su destino. Y sin embargo, y sobre todo, From this day forward es también la historia de un matrimonio, de una familia, de una esperanza. Y, tanto a la vida de los personajes como a la propia película, es el matrimonio, y la familia, y la esperanza, lo que los saca adelante. Lo que parece tragedia se vuelve de pronto tragicomedia, y el futuro mejor -que no se ve realmente pero seguro que está ahí- se vuelve un personaje más de la película, que concluye con una de esos finales que, como diría V, only celulloid can deliver.
En el aspecto técnico, la película está correctamente dirigida y bastante bien actuada; John Berry es un realizador con oficio -tema que también aparece en la película, el del oficio-, y tanto Joan Fontaine como Mark Stevens están muy bien (especialmente ella). Destacables son algunas melodías de la banda sonora, así como la iluminación y el encuadre de algunas escenas; y el plano final de la película, que debió de costar lo suyo.
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• 11:59 am 0
Dominical musical (I)
Inauguro aquí esta nueva sección del blog. A partir de ahora, y siempre que sea posible, los domingos colgaré unos cuantos temas procedentes del catálogo de novedades en Estados Unidos. Lo recién salido del horno en lo que a música negra y pop estadounidense se refiere. A los interesados, manténgase a la escucha.
Comenzamos hoy con los siguientes temas:
- Ali Vegas feat. Sammie – Blow your mind
- Atiba feat. Qwote – Just my type
- Brandon Hines feat. Ryan Leslie – Find you (remix)
- Busta Rhymes feat. Pharrel & Tosh – Kill dem
- Casey Boys (of Jagged Edge) – Gin & Juice (prod. Toomp)
Disfruten.
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Junio 27, 2009 • 12:18 pm 0
El Cerero, cocinero
No, no se me podía ocurrir un título más tonto para la entrada. Llevo un par de días de rodríguez en casa; mi madre se ha ido a disfrutar de la playa mientras uno se queda aquí sacrificado viendo películas, leyendo y fumando a todas horas (…). El caso es que, a esta edad de uno, empieza a cansarse de comer lasaña y canelones precocinados y pizzas de Casa Tarradellas cada vez que tu madre huye. Así que, con dos cojones, el aquí presente se ha puesto a cocinar. Nunca he pasado más allá de los huevos fritos, las tortillas, o si acaso, el arroz tres delicias. Pero como también ando aburrido de eso, me he decidido a hacerme una menestra de verduras; eso de comer sano, ya saben. Y como estoy feliz y contento porque parece que me ha salido todo bien a la primera, lo voy a compartir, que para eso es mi blog. Un paso a paso, por si alguien se quiere animar a hacerlo. No es nada difícil, y la prueba de ello es que yo he conseguido hacerlo.
Como ingredientes básicos, necesitaremos la verdura; esto va al gusto. Yo he cogido judías verdes, guisantes, zanahoria, trocitos de alcachofa y espárragos. Y para aliñar, patatas parisinas y pollo. Seguramente la verdura podrán encontrarla en bolsas en los supermercados, así que eso que se ahorran. Lo primero, coger media cebolla, o una entera -según les guste el sabor- y seis o siete ajos. Los lavamos, pelamos y cortamos en ronchas. El pollo, si lo van a usar, igual: pidan cinco o seis filetes finos de pechuga, y los cortan en trocitos medianos con tijera o cuchillo. Antes de empezar, deberíamos tener algo así:
Cuando lo tengamos, cogemos una cazuela grandecita, cubrimos el fondo con aceite de oliva, y esperamos a que el aceite esté bien caliente. Acto seguido, echamos al aceite la cebolla y el ajo. Y esperamos a que el ajo se dore y la cebolla se ablande un poquito. Bajamos un poco el fuego si es necesario, no hay cosa más horrible que un ajo quemado.
Cuando el ajo está dorado, procedemos a echar el pollo troceado, manteniendo el fuego suave. Esperamos a que el pollo cambie el color de rosa a blanco, señal de que ya está medianamente hecho ;-). Tampoco queremos hacerlo del todo porque al plato todavía le falta tiempo de preparación.
Cuando tengamos el pollo blanqueado, procedemos a echar la verdura. No importa echarla directamente desde el congelador; en un santiamén se descongelará una vez en la cazuela, y además así podremos aprovechar el agua que suelte durante el proceso para la reducción. Eso sí, si vamos a echar la verdura congelada, ponemos el fuego bien fuerte justo antes de hacerlo y hasta que la verdura se haya descongelado. Cuando la verdura haya perdido la congelación, y le hayamos dado unas cuantas vueltas a todo, procedemos a salpimentar; su sal gordita y su pimienta negra recién molida. Esto va al gusto, pero en mi opinión le sienta muy bien.
Una vez hecho esto, todo lo que nos queda por hacer es añadir un chorreón generoso de vino al gusto, dejar que reduzca a fuego fuerte, y luego bajar el fuego a media potencia y dejar el conjunto reducir durante aproximadamente 10 o 12 minutos. En algunos casos será necesario añadir un vaso de agua, en otros no; si el agua cubre medianamente la menestra, seguramente no será necesario. Recordad que queremos que la verdura quede al dente y no pocha y guarrera ;-).
Si habéis tenido suerte, como yo, y la cosa sale bien, ya todo lo que queda es dejar reducir a fuego lento hasta que el agua y el vino reduzcan, y servir. Echaos una cerveza, que os lo habéis ganado, campeones. O al menos, eso pensé yo.
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• 4:33 am 0
Classe tous risques (Claude Sautet, 1960)
A todo riesgo es una película francesa de cine negro de los 60. Y como tal, es buena para analizar y comparar costumbres y defectos del cine francés de la época. Donde la nouvelle vague, un género autóctono de la zona, como el buen champán, triunfó, en muchas ocasiones de las que el cine francés pretende adentrarse en un género marcado a fuego por la idiosincracia americana, fracasa.
Y así, Classe tous risques fracasa. A pesar de una sobria dirección por parte de Sautet, la película en ningún momento termina de arrancar, y se pasa uno las casi dos horas de film pensando en por qué coño está pasando todo esto. Para empezar una película in media res hay que saber hacerlo, y desde luego el guionista de esta película no tenía ni idea de cómo hacerlo. Cuando además, haciendo cine negro, es mucho más difícil; estamos hablando de historias de traición y de venganza y de huidas y escondrijos; si el espectador no sabe ni a quién ni cómo ni por qué se ha traicionado, si el espectador está viendo al protagonista correr frenéticamente de un lado para otro sin saber de qué o por qué corre, con la cámara como mero testigo incidental, algo falla. Estamos hablando de cine negro, no de El ladrón de bicicletas.
Por mencionar aspectos positivos, algunos momentos de suspense del film están muy conseguidos, y esta película tiene el atractivo de poder ver a un jovencísimo Jean-Paul Belmondo que se desenvuelve estupendamente en su papel; en general, las actuaciones son bastante dignas. El problema, como digo, es el de un guión flojo y lleno de lagunas, donde todo parece no ya incidental, sino accidental. Personajes que suponemos importantes para la trama mueren de la forma más estúpida y aquí no pasa nada, el desarrollo psicológico de los personajes tiende a cero, y el final, sinceramente, te deja con cara de subnormal. Uno espera que después de todo lo que se ha liado -como en toda buena película de cine negro- el final sea un ribete digno para la historia. El final aquí es una tontería como un castillo, propio de un director/guionista que no tiene ni idea de cómo salir del jardín en el que se ha metido, digno del peor Paul Thomas Anderson (por mucho que me guste, hay que reconocer que los finales no son lo suyo). Y para colmo, la película cuenta con apariciones estelares de una voz en off que bien podría ser la del Capitán Obvio.
Nota final: 5.5
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Junio 26, 2009 • 6:13 pm 0
Classics for the OG’s
Con eso de que finalmente hemos dejado morirse al hamijos (no hace falta que pinchen, ya no funciona) como Jesse James dejaría morir a un empleado cualquiera de la compañía de ferrocarriles, aprovecho para volver a hablar de música en este blog. Y a pesar de que la tentación en un día como hoy es hablar sobre Michael Jackson, cosa que no descarto hacer en breve, voy a tratar de ser un poco menos típico.
Classics for the OG’s es una mixtape del productor Fingazz. A Fingazz quizá le reconocerán por ser heredero directo del estilo de Roger Troutman: talkbox a cascoporro y mucha clase. Durante buena parte de su carrera ha estado ligado al movimiento de rap chicano, es decir, de California p’abajo. Pueden encontrar producciones suyas en discos de Mr. Sancho -una de sus apariciones más reconocidas es este These Days-, Lil Flip, Frost -un casi desconocido pero que tiene auténticos temazos- o Mr. Capone-E. De todas formas, parece que en los últimos tiempos ha visto la luz -o los montones de dinero- y se ha centrado más en la faceta de productor que en la de talkboxer, dejándonos auténticas joyeras cluberas como este The One, con vocales de Jah Free.
En todo caso, Classics for the OG’s es una mixtape que se encuadra más en el estilo del rap chicano clásico de Fingazz. Aparecida en 2005, esta mixtape bebe del rap clásico de los 90 -beats de discos de Notorious B.I.G., por ejemplo-, aportando el talkboxer sus habilidades para recrear temas que, de tan escuchados, pensamos que no podían tener otra vuelta de tuerca. Así, a pesar de reconocer muchos beats que no encajan dentro de este estilo, nos encontraremos inevitablemente ante un trabajo de rap chicano puro y duro. Classics for the OG’s es uno de esos discos para llevar a la playa, o para ponerlo fuerte en el coche si tienes que salir a la ciudad a media tarde. Es un disco sexy, para reír, para moverse, para follar. ¿Recomendaciones? Between the sheets, Natural High o, como curiosidad, Let’s stay together, una estupenda versión del enorme clásico de Al Green.
Por cierto, en 2008 apareció una segunda parte de este trabajo, que tal vez encuentren por aquí ;-). Les dejo con la descarga de este primer volumen. Que disfruten.
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• 12:46 am 1
¡Esto es monstruoso!
(como le dijo Josefina a Napoleón en su noche de bodas)
Ayer tuve la oportunidad de ver una de esas películas de puro género del cine negro: The Unsuspected, de Michael Curtiz, una obra supuestamente menor y casi desconocida del director (para el que no le sitúe, fue el mindundi que dirigió Casablanca). Curtiz fue un director de los estudios, un hombre al que se le dio bien hacer películas de género y apropiadas para su época, que hacía productos enmarcados dentro de los estándares de la industria pero con una calidad para nada desdeñable; además, ha realizado un buen puñado de films, como pueden comprobar aquí (y no están todas, bueno, aquí sí, pero es en inglés).
A lo que iba. Esta película, The Unsuspected, de 1947, es una película de puro cine negro no sólo por la trama, los arquetipos de personaje, el tratamiento de los elementos narrativos o los pactos ficcionales; es una película negra porque además de intriga y asesinatos hay descreimiento, sorna, burla hacia un statu quo, representado fílmicamente por un espíritu socarrón y un humor corrosivo y sardónico con el que sonríes mientras te preguntas qué es lo que va mal en el mundo. Vamos, nada que no pueda ser ejemplificado con el amigo Hank Quinlan y sus cosas.
Así pues, más que volver a contarles un argumento de película de cine negro, que seguro que algo ya se imaginan, o alabar los giros de guión o la sobriedad y eficacia de la dirección de Curtiz, voy a destacar algunas de las frases de este tipo, cercanas a veces a algún texto de Wilde, que podemos oír en la película gracias a las manos escritoras de Bess Meredyth y Ranald MacDougall. Durante los primeros compases del film son un bombardeo constante, aunque luego la trama hace llevar a la película por sus propios derroteros.
-La secretaria del señor Grandison murió mientras éste realizaba su programa.
-¿Tan malo era?
-Hoy es el cumpleaños de Víctor. Una vez al año, sus amigos aparecen.
-Me gustan las cerillas, no hay que reponerlas. Se tiran cuando han cumplido su misión, como las personas.
-Aún estoy consciente. Querida, no sólo no he bebido demasiado, sino que no he bebido suficiente.
-Me fascina este cuadro. Se parece a Matko en su período inicial. ¿Quién lo pintó?
-Mi esposo, en su período sobrio.
-(Al descubrir que le han montado una fiesta sorpresa de cumpleaños) ¿Quién organizó esta tortura?
-¡Nos acordamos de tu cumpleaños!
-Querida, hace 20 años que trato de olvidarlo.
-Creí que te animaría.
-¿Quieres hacer algo por mí? Llévate al pianista y mátalo.
-La chica se suicidó colgándose de esta lámpara.
-Debió de ser un duro golpe para Grandison.
-Peor debió de serlo para la chica.
-Lo mejor de las fiestas es la despedida.
Por cierto, la frase del título también se dice en la película, no me la he sacado de la manga.





















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