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La espiral del silencio

De entre las pocas personas que, según las informaciones publicadas, mantienen contacto directo y estable con el Presidente del Gobierno (una de ellas residente temporal en Soto del Real, por lo visto), alguna tendría que recomendarle una renovación profunda en su gabinete de comunicación. O, al menos, un concienzudo curso de reciclaje profesional; y, si es posible, que no lo dé Pedro Arriola. Por favorecer la competitividad y reducir el presupuesto, sobre todo.

La estrategia de mutis por el foro que viene siguiendo Mariano Rajoy resulta especialmente sorprendente si uno se fija en el calendario. En estos tiempos de clamor por la transparencia, guardar un insistente silencio se mezcla con el «quien calla, otorga» del refranero español para ofrecernos un cóctel burbujeante y explosivo. Es cierto, eso sí, que es una postura coherente en un señor que afirma que sólo lee el Marca.

Sin embargo, cabe esperar más de sus encargados de comunicación. La callada por respuesta como estrategia de cara a la opinión pública quedó finalmente sentenciada de muerte —nunca fue muy popular, claro, por razones obvias— en el año 1977 con la publicación de La espiral del silencio, la obra de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann que las personas del gabinete de comunicación del Partido Popular ya deberían haber leído o estudiado en la Universidad. A no ser que dicho gabinete lo compongan antiguos alumnos de esas facultades donde se compran en pack la licenciatura y las prácticas en empresas amigas, donde leer y aprender son minucias secundarias.

En su obra, capital para entender cómo se generan y funcionan los procesos de variación en la corriente de opinión pública, Noelle-Neuman hizo una afirmación valiente: el silencio es el patrimonio de los perdedores. Este hecho, que se constata de forma evidente en los procesos históricos, aparece como herramienta de “supervivencia social”. Como, en general, la mayoría de la gente quiere mantener la sensación de pertenencia al grupo, la reacción primera habitual es averiguar cuáles son las opiniones y comportamientos mayoritarios dentro del mismo. Si al contrastarlas con las suyas propias el sujeto entiende que forma parte de la minoría, su tendencia será a tener un cuidado especial al exponerlas en público. Mal síntoma para el Presidente de todos los españoles.

El análisis de la politóloga alemana se centra en el papel que aquí juegan los medios de comunicación de masas, reconociendo la importancia del auge del fenómeno televisivo de su tiempo. Cabe imaginar que sus argumentos sean aún más relevantes en la era de Internet y la sobreexposición informativa. Este fenómeno multiplica el alcance y la relevancia pública del silencio, que se vuelve por sí mismo hecho noticioso y desencadenante de reacciones. Sin embargo, el Presidente del Gobierno, sin que nadie en su gabinete de comunicación se lo impida, en la rara ocasión en que decide no callar, se planta ante todos los españoles desde dentro de una pantalla de plasma y pone muecas raras cuando le cogen desprevenido y le preguntan por Bárcenas. Hasta la fecha, ha vetado 39 de las 50 solicitudes de comparecencia que se le han presentado. Un elefantiásico y chirriante montón de silencio.

En procesos donde el clima de opinión pública juega un papel protagonista, el silencio como estrategia de defensa sólo sirve para favorecer la estrategia de ataque del antagonista. Lo que al principio podría haber sido un núcleo importante de personas dispuestas a creer al Presidente del Gobierno, ha quedado mermado y herido de muerte ante esta espiral de silencio. El clima de opinión desfavorable a su papel en este caso de corrupción se ve alimentado por su no reacción, lo que hace que una serie de individuos que antes consideraban la suya una opinión mayoritaria deja de creerlo y no manifiesta su opinión. A su vez, esta desconfianza creciente entre la población acelera el miedo del Gobierno y le hace ahondar en su silencio, lo que retroalimenta el proceso ad infinitum. Y en ésas estamos.

Parece ahora que, atropellados por la realidad, quienes llevan la comunicación en el Partido Popular se han dado cuenta de la obviedad y están formando filas para contraatacar. Argumentarios repartidos, solicitud de comparecencia; como dicen en mi tierra, vámonos que nos vamos. Echar a pelear los perros, como quien dice. Ante el miedo a que el clamor social acabe por desbordar las costuras por un sitio inesperado, el Gobierno intenta fagocitar el fenómeno y devolverlo a unos causes institucionales que se están poniendo en duda día sí y día también. Una maniobra a la desesperada en la que cuenta con la ayuda inestimable del PSOE de Rubalcaba.

Que nadie se lleve a engaño abrumado por lo demoledor de las portadas de los diarios: siguen sin tomar en serio a la ciudadanía. Este movimiento de Rajoy tiene por objeto espectacularizar el caso, convertirlo en algo que se sigue por televisión como una telenovela posmoderna, y poco más. Según fuentes del propio Ejecutivo, esperan tener todo este asunto resuelto antes de septiembre, momento, dicen, en el que ya sí que habrá otras cosas mucho más importantes que hacer. En nuestra mano está seguir participando de la espiral de silencio y permitir que nos sigan tomando por el pito de sereno tanto como que dejen de hacerlo. Nosotros sabremos.

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