apuntes, prosita

La ceguera moral

(Publicado originalmente en TheCoolNews)

El pasado día 19 de abril, el presunto escritor Fernando Vallejo publicaba en El País –ese supuesto periódico- un artículo titulado La ceguera moral que aprovechaba uno de los temas candentes del momento, las tragicómicas aventuras del Rey à la Tintín botsuanés, para decir un montón de gilipolleces y cobrar por ello (esto ocurre con espantosa frecuencia en todos los periódicos de tirada nacional). Dejando de lado que la postura de El País con respecto a la monarquía española baila más que Natalie Portman en El cisne negro, lo que más me sorprendió es que este Vallejo (que por desgracia poco tiene que ver con el César al que todos conocemos y amamos, o no) titule así un artículo que abre de esta horrible manera:

“Yo he visto de niño las fotos de los decapitados de mi país, en hileras de decenas, y a veces de centenares, de campesinos conservadores o liberales descalzos (…) y con las cabezas cortadas a machete y acomodadas a los cuerpos a la buena de Dios (…) Ninguna de esas fotos me produjo tanto dolor, tanta perturbación como esta del periódico español. Tal vez porque desde niño no quiero a los seres humanos pero sí a los elefantes.”

En cuanto leí esto asumí que La ceguera moral era un título de marcado carácter autobiográfico y que a partir de entonces iba a hacer una especie de exorcismo periodístico a causa de su falta de humanidad. Pero no; aparentemente, para el señor Vallejo la ceguera moral era la de El País que ponía por encima, en cuanto a criterio de noticiabilidad, la salud del Rey por encima de la del elefante (que, por otra parte, ya estaba muerto y, hasta donde yo sé, eso tiene más bien poco arreglo). Al presunto señor Vallejo le importan tres carajos los centenares de campesinos compatriotas suyos con las cabezas cortadas. Esto, que podría ser perfectamente comprensible si todos sus compatriotas pensaran de la misma manera que Vallejo, es interesante por lo común. El autor del texto afirma que le duele más ver a un animal muerto que a cientos de campesinos porque “desde niño no [quiere] a los seres humanos pero sí a los elefantes”, pero como ya hemos dejado claro que el autor del texto es gilipollas, vamos a hacernos nuestra pregunta favorita: ¿qué ha pasado para que, desde hace unas décadas para acá, estos gilipollas se multipliquen como las chinches, hasta tal punto de que alguien en la cúpula de El País crea que esto es digno de ser publicado?

La respuesta es fácil: ¿cuándo fue la última vez que viste a una persona desangrándose o sufriendo frente a ti? ¿Cuánto más contacto tienes con el sufrimiento animal que con el humano?  El dolor humano ha desaparecido de la esfera común diaria en dos vertientes distintas: ficcionalización y aislamiento. La primera se produce a través de la omnipresencia en los medios de masas. No hace falta que lo explique: contemplamos horas y horas de muerte, dolor y violencia cada día frente a unas pantallas que nos ponen la realidad a dos centímetros y a miles de años luz a la vez. Y es normal: como observadores, no hay ninguna diferencia entre estar viendo imágenes del Día D en televisión que jugar una fotorrealista partida al Call of Duty. La sangre y los gritos son muy reales en ambos casos, y por esa misma razón un pequeño mecanismo asume que ambos podrían ser también igual de irreales. La sobreexposición a la violencia en la sociedad de la sospecha la anula: “¿dónde ocurre toda esta mierda, si cuando salgo por la ventana yo no veo nada?”, o algo así decía Bill Hicks refiriéndose a los informativos de Fox News, que ya entonces presentaba Pedro Piqueras.

El objetivo del mecanismo de aislamiento es básicamente el mismo: evitar que el honrado ciudadano que paga sus impuestos (esto ocurre en otros países, palabra) tenga que ir paseando por la calle cruzándose con leprosos, viejos con enfermedades terminales o incontinencia urinaria y demás cosas desagradables. Y cuando ya no los vemos, adiós al problema. Supongo que alguien se estará ocupando de ellos. ¡No serán tan desalmados! Mientras tanto, las personas cada vez soportan menos a otras personas –esto es totalmente lógico- y por lo visto los gatos sirven para suplir todas las carencias afectivas de una persona corriente.

La gente sufre, pero sufre muy lejos de aquí y seguro que tampoco tanto, y lo más cerca que estamos de la expresión más absoluta, tajante y absurda de la violencia y el sufrimiento es cuando vemos el ocasional perro o conejo atropellado. Ése es el primer –y casi el único, si uno tiene esa dudosa suerte- contacto verdadero con el azar y la profunda injusticia del dolor y la muerte. Así se comprende que al señor Vallejo le preocupe más un elefante –con el que puede, en una curiosa paradoja, identificarse emocionalmente más que con otro ser humano- que los campesinos decapitados de su país que ve en unas fotos que convierten sus muertes en una historia cualquiera. Habría que ver qué piensa el señor Vallejo si un día, conduciendo su coche por una carretera comarcal cualquiera, se encontrara de repente con el cadáver de un hombre, todo tripas destrozadas y cuajarones de sangre, en medio de la carretera. Habría que ver si este pobre hombre es capaz de curarse de su propia ceguera moral, que es la más grave de todas.

Y que alguien se encargue de que en El País dejen de permitir que sigan publicando mierdas de este calibre. Por favor.

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6 thoughts on “La ceguera moral

  1. jorge dice:

    por sus comentarios y su rídicula manera de escribir me imagino que usted debe ser un galleguito más de los que alaban a su rey por ser tan humano, pobre pendejo el que escribe este blog, aún no sabe leer, ni mucho menos comprender lo que lee, Vallejo y muchas otras personas sentimos repulsión hacia la especie humana, no porque no vea mos gente desangrandose o siendo descuartizada, sino por lo que representa la especie humana para la naturaleza, para los animales y para los demás seres humanos.

  2. jorge dice:

    Corrección: por sus comentarios y su rídicula manera de escribir me imagino que usted debe ser un galleguito más de los que alaban a su rey por ser tan humano. Pobre pendejo el que escribe este blog, aún no sabe leer, ni mucho menos comprender lo que ve, Vallejo y muchas otras personas sentimos repulsión hacia la especie humana, no porque no veamos gente desangrandose o siendo descuartizada, sino por lo que representa la especie humana para la naturaleza, para los animales y para los mismos seres humanos.

    Posdata: La primera vez escribí tan mal porque me llene de ira al leer este artículito.

    • José Graterol dice:

      “Vallejo y muchas otras personas sentimos repulsión hacia la especie humana, no porque no veamos gente desangrándose o siendo descuartizada, sino por lo que representa la especie humana para la naturaleza, para los animales y para los mismos seres humanos”
      Me resulta increíble lo bien que escriben estos animales de hoy en día!.

      • jorge dice:

        lo más importante no es saber escribir, porque puede que yo escriba como un pendejo, pero usted esta peor porque no ve más allá de sus narices.

  3. Lee Morgan. dice:

    Y el séquito de ciegos abrió la boca.

    En referencia a los comentarios: A mí no me gusta especialmente la monarquía y, sin embargo, me ha parecido genial esta entrada. Por otro lado, igual peco yo de invidencia, pero no sé dónde carajo está la vindicación del rey en este texto, cuando una y otra vez se reitera la imagen de los campesinos asesinados, que tal Vallejo desdeña en virtud de su amor a los animalitos (criatura). Así que no reclamar que traten a la orden del día la salud del elefante ya muerto supone ser un carpetovetónico amante de la monarquía borbónica; estupendo. No sabía nada acerca de este hombre, pero un escalofrío de estupidez me ha llenado el cuerpo a medida que iba leyendo. Como es costumbre la estupidez siempre cuenta con su respaldo.

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