apuntes

La sociedad red: el individuo y la hidra (y V)

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NUEVOS VÍNCULOS Y PRÁCTICAS SOCIALES

“Aquí no pasa nada”. Así resumía un estudio los cambios que, a su entender, ejercía Internet con respecto a la sociabilidad de sus usuarios. Análisis como los de Barry Wellman, de la Universidad de Toronto, demuestran que internet es un instrumento que “desarrolla pero no cambia” los comportamientos sociales; son, de hecho, estas pautas de comportamiento las que influyen en el comportamiento de Internet, como demuestra el hecho de que las redes sociales actualmente sean meras extensiones de la vida social que se produce en la calle. El funcionamiento de la mayoría de redes sociales (en especial de Facebook) en los últimos años ha ido derivando en un intento cada vez con más ahínco de salvaguardar la privacidad y la exclusividad del contenido y las personas que uno elige para formar parte de su propia red. Puedes vivir en Internet, pero la vida en red es cada vez más cerrada y restrictiva, hasta el punto de que en muchos casos los miembros que forman la red social de un usuario de Facebook son los mismos que forman la red social con los que sale a tomar algo un viernes por la noche. Lejos quedan ya los tiempos del anonimato como práctica fundamental y arraigada, del IRC y los grupos de noticias y los nicknames en foros y la total ausencia de información privada personal (si uno deseaba ocultarla, por supuesto); las redes sociales actuales prácticamente «exigen» que seas «tú mismo», sea lo que sea eso, aunque puedes elegir con todo detalle quién quieres que vea lo que eres y quién no. Los comportamientos sociales de la vida en la calle “se amplifican y potencian a partir de lo que son” (Castells, 2006).

Quizá la característica específica que más se ha potenciado con la implantación de la sociedad red sea un cambio en los modos y lugares (o no-lugares, como ya hemos visto) de socialización. Es evidente que la comunicación está en la base de la creación y desarrollo de la Red, como demuestra la temprana aparición del correo electrónico. Mucho más tarde, con los primeros signos de democratización de Internet en occidente, los grupos de noticias fueron uno de los primeros grandes éxitos, así como los foros, mucho antes de la aparición y la explosión de la burbuja de las puntocom y, por supuesto, décadas antes de los blogs, las redes sociales y la web 2.0. Con los grupos de noticias nace el nuevo modo de sociabilidad online: una sociabilidad basada en los intereses y el conocimiento común. Ya que lo más importante, cuando virtualmente toda la información y el conocimiento están ya en la Red, la capacidad y la destreza que debe adquirir el usuario es la de saber buscar, encontrar y usar la información; “de lo que se trata es de saber dónde está la información, cómo buscarla, cómo procesarla, cómo transformarla en conocimiento específico para lo que se quiere hacer”. Ésta es, a su vez, una de las grandes capacidades democráticas de Internet; cualquier usuario de la red puede hacerse experto en su uso y convertirse en uno de los «enlaces» o «actores sociales» capaces de definir los objetivos y el funcionamiento social, humano e intelectual de la red. Según Castells, es éste precisamente uno de los focos de desigualdad; para este autor, la brecha digital ya no está entre aquellos que tienen acceso a las TIC y los que no: “esa capacidad de aprender a aprender, esa capacidad de saber qué hacer con lo que se aprende, esa capacidad es socialmente desigual y está ligada al origen social, al origen familiar, al nivel cultural, al nivel de educación. Es ahí donde está, empíricamente hablando, la divisoria digital en estos momentos” (Castells, 2006).

Así pues, los individuos que coexisten dentro de la sociedad red pueden «saltarse» las prácticas socializantes tradicionales, relacionadas con el lugar de residencia y el lugar de trabajo. Permite sobrepasar el límite físico y espacio-temporal para generar una “red de afinidades” basada en lo que el usuario es y en lo que quiere ser. Se lleva a cabo un proceso que Castells llama “privatización de la sociabilidad”. En la misma línea van las reflexiones de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy en su Pantalla Global: “si las antiguas formas sociales de proximidad se disuelven, es en beneficio de vínculos elegidos y temporales, en consonancia con una cultura de individuos que se reconocen libres”. Y añade: “las aspiraciones individuales a expresarse han propiciado la aparición de un nuevo tipo de comunicación descentralizada que gira alrededor de la interoperatividad y la utilización en red” (Lipovetsky y Serroy, 2009).

CONCLUSIONES FINALES

Internet ha convertido la virtualidad en una parte indeleble de nuestra realidad, construyendo de manera efectiva la sociedad red, que es la sociedad en la que vivimos. La sociedad red es una suerte de mastodóntica hidra, compuesta de millones de cabezas pensantes, cada una con su individualidad, su proyecto y su especificidad. La sociedad red global es actualmente una “estructura dinámica, altamente maleable a las fuerzas sociales, la cultura, la política y las estrategias económicas” (Castells, 2006). Las potencialidades de este modelo, como hemos visto, se abren a una multitud de campos y enfoques; algunos han sido más explotados a lo largo de las décadas, y otros son fértiles vasfasdffasdfasdfasdfasdfklasdciavisto, se abren a una multitud de campos y enfoques; algunos han sido mra efectivanamiento sociaalles que aún están por explorar en profundidad, como demuestran, en relación con el concepto de «empoderamiento» de la ciudadanía, ampliamente tratado por la sociología, las recientes revueltas en muchos países en proceso de transición hacia la democracia y fenómenos como el que se conoce como Primavera Árabe; en sí misma, esta constatación no hace más que reafirmar la idea de que la Red es la sociedad misma: “expresa los procesos sociales, los intereses sociales, los valores sociales, las instituciones sociales, (…) [y es] fruto de una serie de cambios sociales que no podrían desarrollarse sin Internet” (Castells, 2006). Nos encontramos sumidos, a comienzos de 2012, en un tortuoso proceso en el que por primera vez los Gobiernos están intentando hacerse con el control de algo a lo que nunca habían prestado demasiada atención. Los intentos de regulación, que han generado preocupación en muchos sectores no sólo políticos sino también intelectuales; estos intentos de regulación, basados sobre todo en la defensa de los derechos de autor y de propiedad intelectual, no hacen más que echar leña al fuego; el cierre de MegaUpload no es más que el último ejemplo de una larga lucha entre quienes intentan «poner puertas al campo».

Por su parte, los internautas plantan cara a estos intentos de regulación, algunos de cuyos ejemplos son las leyes SOPA/PIPA o la conocida como «Ley Sinde» en España a causa de su principal promulgadora, la exministra de Cultura, Ángeles González-Sinde. Internet nació como, y todavía es, aunque no sabemos por cuánto tiempo, “un instrumento de comunicación libre, creado de forma múltiple por gente, sectores e innovadores que querían que fuera un instrumento de comunicación libre” (Castells, 2006). Los internautas –que a día de hoy, con los datos de penetración de acceso a Internet que se manejan, que ya alcanzan al 30% de la población mundial y a la práctica totalidad de occidente, es «casi todo el mundo» occidental- quieren que siga siéndolo. Habrá que ver si lo conseguimos.

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