apuntes

La sociedad red: el individuo y la hidra (II)

PARTES ANTERIORES: I

OBJETIVOS Y CONTROL SOCIAL

Otro punto importante y que genera debate gira alrededor de la disposición de objetivos generales que son únicos para cada sociedad red, y lo hace en dos vertientes; por una parte, existe la pregunta de si, en una sociedad red que “no posee ningún centro, sólo nodos” (Castells, 2004) pueden establecerse una serie de fines de manera efectiva; la segunda vertiente tiene que ver con quién es el encargado de establecer esos objetivos. Según Castells, “una red está definida por el programa que asigna los objetivos y las reglas de funcionamiento de la propia red”; sin embargo, esta noción juega en contra de la descentralización del sistema red, que se auto-gestiona y auto-reestructura de manera independiente. Así, esta noción de que hay quien asigna objetivos y reglas de funcionamiento a la red de forma unidireccional es habitualmente rebatida; por ejemplo, el sociólogo Karsten Krüger afirma que “[la sociedad red] está marcada por la erosión acelerada de sus estructuras reguladoras y del desarrollo de nuevas reglas y normas. Por lo tanto, uno de los indicadores claves para el desarrollo [de la sociedad red] es la oscilación acelerada entre la desregulación y la nueva regulación” (Krüger, 2006). En este sentido, también conviene tener en cuenta que esta regulación de la sociedad red, variable y que cambia a veces con extrema celeridad, la definición de aquellos objetos –o mensajes- que se consideran «valiosos» puede también diferir mucho dependiendo del estado de la sociedad en que nos encontremos. En este caso sí que podemos hablar de ciertas «tendencias» que, de manera individualizada, cada sociedad red sigue a pesar de encontrarse en un interminable proceso de cambio y reestructuración; como afirma Castells, “valor es lo que las instituciones dominantes de la sociedad deciden que sea”. La diferencia estriba en que estas instituciones dominantes no son, o más bien no tienen por qué ser, las mismas que en la contrapartida “de carne y hueso” del entramado social. Pero de eso hablaremos en más detalle un poco más adelante.

ORIGEN HISTÓRICO E IMPLICACIONES

Analizar en profundidad los diversos procesos que han tenido lugar desde la década de los sesenta y que han acabado por formar la sociedad red tal como la experimentamos y vivimos cada día en el mundo occidental puede ayudarnos a huir de la noción histórica determinista que comentábamos anteriormente. Según Castells, los pilares fundacionales fundamentales de la sociedad red actual son tres, a saber:

1. La crisis del modelo industrialista y de sus modos de producción; esta caída en desgracia del modelo fordista va a conllevar un progresivo declive del modelo estatal keynesiano «social», como ejemplifican las llegadas al poder de Margaret Thatcher en Reino Unido y de Ronald Reagan en Estados Unidos en la década de los setenta. A este declive del modelo keynesiano a favor de un nuevo tipo de capitalismo también contribuyen la bajada de productividad de los trabajadores y un preocupante decrecimiento de la inversión de capital privado.

2. Toda una oleada de movimientos sociales y culturales “de orientación liberadora”, que tienen lugar a finales de los sesenta y a los que popularmente se engloba dentro del fenómeno histórico conocido como “mayo del 68”. Dentro de este movimiento podemos encontrar al feminismo o al ecologismo, por poner dos ejemplos, así como los primeros gérmenes de los actuales movimientos antiglobalización –que tal vez no existirían sin el pilar fundamental de la sociedad red, Internet-.

3. Una revolución de las tecnologías de la información y de la comunicación.

A pesar de la naturaleza distinta de estos fenómenos, todos ellos se interrelacionan y complementan de una manera asombrosa. Por ejemplo, los movimientos contestatarios comentados anteriormente surgen y se popularizan precisamente a causa del declive del modelo keynesiano de estado social, especialmente en Estados Unidos, e intentan formar una suerte de “redes alternativas” al sistema occidental global; estas organizaciones contraculturales se aprovechan del desarrollo tecnológico, sobre todo a partir de la aparición de Internet y luego del ordenador personal, y se posicionan frente a lo que denominan un “imperio empresarial” –definición que hace hincapié en su carácter no sólo piramidal/vertical sino también anticuado u obsoleto, y tal vez esto sea aún más importante- que basa su poder en la patente y los derechos de propiedad intelectual, un modo de actuación tal vez institucionalizado por figuras como la de Thomas Alva Edison, que contaba con 1.093 patentes a su nombre sólo en Estados Unidos.

Mientras tanto, el capitalismo sufre un proceso de reconversión. A lo largo de la década de los setenta se produce una recapitalización completa del sistema; mientras tanto, se abandona el modelo de gasto social y redistribución equitativa de la riqueza –características clave de un estado keynesiano- y en su lugar se propugnan políticas de carácter liberalizador con respecto al mercado. A su vez, se produce un proceso de legitimación y aumento de importancia de un fenómeno como la globalización; un ejemplo simbólico de esta tendencia es la implantación de la Organización Mundial del Comercio en 1995; aunque no está creada específicamente para velar por el libre comercio, ocurre muy a menudo que esta plataforma sirve para que los Estados que la componen, que son 157 en la actualidad, hagan acuerdos comerciales, reduzcan o eliminen aranceles a la libre circulación mundial de bienes y servicios, o diriman disputas que hayan podido surgir en relación a acuerdos comerciales.

Esta tendencia de reconversión del modelo capitalista afecta, por supuesto, a las empresas de estos países. Muchas de ellas, a causa del declive del modelo industrialista, se ven forzadas a hacer reestructuraciones; por supuesto, las más avanzadas de ellas decidieron incluir como parte de esas remodelaciones la implantación y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías de información y comunicación que comenzaban a desarrollarse a velocidad de vértigo; surge así la economía global y en red, que perdura hasta nuestros días y ha adquirido dimensiones mastodónticas, hasta tal punto de que, usando de nuevo el símil de Tetsuo en Akira (Otomo, 1988), podría llegar a fagocitarse (y destruirse) a sí misma.

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2 thoughts on “La sociedad red: el individuo y la hidra (II)

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