apuntes, prosita

La sociedad red: el individuo y la hidra (I)

APROXIMACIÓN PRELIMINAR: ¿QUÉ ES LA RED?

Las aproximaciones teóricas que tienen como objeto clarificar el estado actual del mundo –en especial en las sociedades occidentales- han sido a lo largo de las últimas décadas, en especial a través de la popularización de la Escuela de Frankfurt y también de sus «discípulos» de los Cultural Studies son múltiples, diversas, y sometidas a un constante escrutinio y puesta en duda; es éste es uno de los rasgos más característicos de la postmodernidad, o hipermodernidad, si usamos la terminología de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (2009).

Hay tres conceptos teóricos fundamentales que aluden al estado actual de la forma de organización en las sociedades occidentales, cada uno con sus propios matices y enfoques. Tal vez los dos más utilizados sean los de «sociedad de la información» y «sociedad del conocimiento»; cada uno de ellos ha adquirido un grado diferente de popularización entre el gran público debido sobre todo a la actuación de los medios de comunicación de masas; así, una simple búsqueda en Google en español nos ofrece 13.300.000 resultados ante una búsqueda de “sociedad de la información”, y 7.080.000 resultados ante la búsqueda “sociedad del conocimiento”. Esta última noción tiene sus orígenes en la década de los sesenta, cuando comienza a hablarse de un cambio de etapa hacia un modelo de sociedad post-industrial en la que el conocimiento se convierte en fuerza de trabajo, materia prima y potencialidad de crecimiento. De hecho, en una de sus obras, el sociólogo Peter Drucker preconiza la existencia de una capa social de trabajadores del conocimiento (P.F. Drucker, 1959). Este trabajo conceptual de Drucker es desarrollado posteriormente por Daniel Bell, que también analiza los rasgos definitorios de la sociedad actual como post-industrial; según el enfoque de Bell, el conocimiento teórico pasa a convertirse en la principal fuente de innovación y desarrollo para cualquier sociedad, a lo que se le suma la creación de una “nueva tecnología intelectual” (Bell, 1973; 2001).

Por su parte, la noción de «sociedad de la información» tiene un tono de marcado carácter económico y tecnológico, que se coloca por encima de la noción sociológica de la «sociedad del conocimiento». Sin embargo, a lo largo de las últimas décadas, tanto en el debate político como en el sociológico, este término ha ido siendo dejado de lado a favor de «sociedad de la información»; un concepto sobre el que ha trabajado mucho un autor español, Manuel Castells, que es también el principal responsable de la popularización de un tercer término en esta particular “competición de conceptos”: el de «sociedad red». Esta noción se coloca a medio camino entre las dos anteriores, y parte de la idea de que “todas las sociedades conocidas se han basado en la información y el conocimiento como fuentes de poder, riqueza y significado” (Castells, 2004). Por lo tanto, aplicar el término «sociedad de la información» a este nuevo paradigma post-moderno de manera exclusiva sería caer en un error; por lo tanto, hace falta una nueva manera de describir este paradigma. Castells elige para ello el término «sociedad informacional», que “indica el atributo de una forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este periodo histórico” (Castells, 1996. Vol. 1. p. 47). Una búsqueda en Google en español del término «sociedad red» nos devuelve solamente 743.000 resultados.

En este artículo trabajaremos, pues, alrededor de la noción de «sociedad red» propuesta por Castells; en cuyo caso, la primera pregunta que surge es: ¿qué es exactamente una sociedad red? ¿Cuáles son las características determinantes que nos permiten hablar de sociedad red y no de otra cosa?

Analicemos en primer lugar el concepto de red. Si atendemos a las definiciones que nos ofrece el diccionario de la RAE, hay tres acepciones que pueden resultarnos particularmente interesantes: la que define a la red como un “conjunto de elementos organizados para determinado fin”, y también la que habla de un “conjunto de personas relacionadas para una determinada actividad”; en último lugar, aunque no menos importante, es necesario tomar la acepción de red como “conjunto de ordenadores o de equipos informáticos conectados entre sí que pueden intercambiar información”.

En estas definiciones ya se apuntan muchos de los factores que definen a la red y a la sociedad red. En primer lugar vemos un enfoque variado y desde múltiples perspectivas, pudiendo destacarse dos puntos de vista distintos y complementarios: el humano y el tecnológico. Las primeras acepciones abordan la red como una creación del intelecto humano sometida a una serie de fines que han de ser determinados –siendo probablemente la pregunta más importante aquí quién decide los fines de una red concreta-; por su parte, la última definición se concentra en el aspecto tecnológico, de indudable importancia para el fenómeno de la sociedad red. Castells también quiere hacer hincapié en este aspecto a la hora de plantear su definición de sociedad red: “una sociedad red es aquella cuya estructura social está compuesta de redes potenciadas por tecnologías de la información y de la comunicación basadas en la microelectrónica” (Castells, 2004).

LA RED: CARACTERÍSTICAS Y CONFLICTOS ACTUALES

Asimismo, es necesario analizar algunas de las características que definen a las redes; partiremos para ello de la definición de Monge y Contractor, que señalan que las redes de comunicación “pautas de contacto creadas por el flujo de mensajes entre distintos comunicadores en el tiempo y en el espacio” (Monge y Contractor, 2003, p. 39). Esta noción teórica, relacionada también con la semiótica, parte de la base de que para que exista red tiene que haber “comunicadores”, que actúan simultáneamente y todo el tiempo como emisores y receptores, convirtiéndose en «nodos». Así pues, Castells define la red como un “conjunto de nodos interconectados”. El autor español echa mano aquí de la noción platónica de «mímesis», aplicada fundamentalmente a los principios del arte, para definir la manera en que se configura una red en base a su equivalente en la “vida real”, siendo una manifestación sintomática de ésta: así pues, la estructura de la red “simula” o “copia” la estructura social general (Castells, 2004).

Es importante señalar las características que hacen de las redes una especie de “cuerpos etéreos” pero indudablemente muy fuertes. Las redes de información y conocimiento basan su fuerza en su “flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de auto-reconfiguración”. De esta manera, la red se convierte en un elemento que prácticamente huye de lo físico y cuya capacidad de regenerarse y readaptarse termina por ser prácticamente infinita, de manera parecida a como ocurre con el cuerpo, devorado y subyugado por la tecnología y la informática, del personaje de Tetsuo en Akira (Otomo, 1988) o, si se prefiere una comparación biológica, funciona de forma parecida a como lo hacen los enlaces covalentes por puentes de hidrógeno de las moléculas de agua. Si aplicamos esta definición específicamente a la gran Red de nuestros días, Internet, llegamos a la conclusión de que “sólo la capacidad de destruir físicamente los puntos de conexión puede eliminar la red” (Castells, 2004).

Además, asumir que la red funciona de manera descentralizada y como conjunto de nodos tiene también consecuencias con respecto a la organización social, y de hecho es ésta una lucha que sigue manteniéndose hoy en día. Ya hemos dicho que Internet, por ejemplo, funciona a través de nodos, de manera descentralizada y horizontal, lejos del paradigma piramidal y vertical de las sociedades industriales basadas de manera tradicional en el modelo fordista. Si también tenemos en cuenta el hecho de que la Red tecnológica y electrónica tiende a ser mimética con la realidad social en la que se desarrolla –de hecho, puede ser considerada más como un «reverso» o incluso una «parte indeleble» de ésta-, se produce aquí una fuente de conflicto, puesto que la mayoría de las sociedades occidentales siguen funcionando a nivel de engranajes como “burocracias jerárquicas basadas en la integración vertical de los recursos y los sujetos” (Castells, 2004). Desde este prisma, la coexistencia de una Red descentralizada y sistémica de nodos que comparten información y conocimiento y de otra Red vertical o piramidal donde la comunicación es básicamente unidireccional –especialmente en el caso de los medios de comunicación de masas tradicionales, como la prensa, la televisión o la radio- provoca una suerte de disonancia cognitiva que afecta al entorno social por entero y que genera un enfrentamiento que aún está por resolver.

Podemos apuntar aquí algunas causas por las que ese conflicto es generado y aún perdura. Con toda probabilidad, el rasgo más importante a tener en cuenta a la hora de analizar este fenómeno es la perspectiva histórica: según el punto de vista defendido por Castells, las sociedades y civilizaciones anteriores a la nuestra también estaban basadas en la información y el conocimiento como uno de los principales elementos de poder y de valor, pero estuvieron limitadas por los evidentes problemas de sus sistemas de transporte y comunicación. Esto comienza a cambiar con la Revolución Industrial, momento en el que esta tendencia comienza a acentuarse y a cobrar mayor presencia en el entramado habitual del funcionamiento social, y el aumento exponencial de la importancia y la presencia de las redes de información y conocimiento continúa hasta nuestros días. Como afirma Castells, “la disposición de tecnología adecuada es condición necesaria”. En las sociedades antiguas, las limitaciones de las que ya hemos hablado hacían de la sociedad red un proyecto mucho menos viable (prácticamente imposible más allá de un radio pequeño de unos pocos kilómetros que pudieran recorrerse a caballo o derivados) que el de una sociedad basada en la organización vertical. Así pues, el entorno óptimo para la aparición de este tipo de orden social no pueden aparecer “bajo las condiciones existentes con la tecnología de comunicación pre-electrónica”, tal y como defiende Mokyr (1990).

No cabe duda, pues, de que en las sociedades red va a existir siempre un cierto determinismo tecnológico, ocurra éste en mayor o menor grado. De la misma manera que la sociedad red no comienza a implantarse hasta que se desarrollan y estabilizan los sistemas básicos de comunicación electrónica, la red depende para mejorar y optimizar su funcionamiento de los avances tecnológicos que son su base técnica; esto es así ya que la tecnología “evoluciona en interacción con otras dimensiones de la sociedad, pero posee su propia dinámica” (Castells 2004). Esta cierta sumisión del miembro «pasivo» -aunque, siendo exactos, en una sociedad de este tipo no puede existir la pertenencia pasiva- o usuario al desarrollo tecnológico, no debe sin embargo hacernos pensar en un determinismo absoluto del tipo que afirma con solemnidad que la Historia no podría haber ocurrido de otra forma. En este sentido, Castells afirma que es necesario “disipar la idea de que la tecnología o la evolución social conducen inevitablemente a la sociedad red, como última encarnación de la modernidad, en forma de postmodernidad, o como sociedad de la información o del conocimiento a la que se llega de forma natural tras la larga evolución de la especie humana”.

Pero, ¿es en efecto la aparición e implantación de la sociedad red una revolución? Para responder a esta pregunta, Paul David realizó en 1975 un trabajo teórico que comparaba los elementos que nos permiten hablar de Revolución Industrial con sus equivalentes en la aparición de la sociedad red. David definió dos indicadores principales que nos permitían hablar de revolución para referirnos a este proceso: un “incremento exponencial en la capacidad de procesamiento” al que se le suma un “descenso igualmente espectacular en el coste por operación” (David, 1975); la conjunción de estos dos elementos supone una señal inequívoca de una revolución tecnológica. En este caso, además, la aparición de la sociedad red apunta hacia un cambio de paradigma, como apuntaba Thomas Kuhn en 1962.

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3 thoughts on “La sociedad red: el individuo y la hidra (I)

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