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Códigos genéricos en televisión: de Expediente X a Fringe (I)

La última creación de uno de los enfants terribles del Hollywood actual, J. J. Abrams, supone el último gran paso con relación a los códigos genéricos de la ciencia ficción en la televisión hipermoderna. Tras el éxito de Lost (2004-2010), Fringe supone la repetición de algunas de las fórmulas que dieron éxito a la serie de ABC, como la densidad e imbricación de las tramas, la relación constante con el espectador, especialmente a través de internet, y el uso de diferentes universos diegéticos con reglas propias entre los que se salta a través de pequeñas marcas discursivas. Pero además de todo ello, retoma en su propio espíritu el de una de las grandes revelaciones de la televisión de los 90, The X-Files (Carter, 1993-2002), reelaborándolo para convertirlo en un producto plenamente contemporáneo. En este artículo veremos algunas de las características que los hacen productos diferentes, e intentaremos entender por qué son precisamente ésas.

En primer lugar, es necesario analizar el hecho de que, aunque ambas series comparten la misma estructura narrativa, lo hacen de manera distinta. A principios de los años 90, el formato completamente serial, en el que la trama se desarrolla de manera unitaria a lo largo de toda la narración, en un estilo más parecido al de la novela, acababa de dar su gran pistoletazo de salida con Twin Peaks (Lynch, 1990-1991). Hasta ese momento, la tendencia general había sido la de hacer series completamente episódicas, donde cada capítulo funcionara de manera independiente y absoluta, como ocurría en los clásicos seriales de la televisión americana; algunos ejemplos son Leave it to Beaver (Connelly, 1957-1963), The Twilight Zone (Serling, 1959-1964) o incluso Alfred Hitchcock Presents (Hitchcock, 1955-1965). Dado que aún esta tradición aún no se había roto del todo con la aparición de la Quality TV, que aún tardaría unos años en llegar, en Expediente X las tramas tienden a ser mucho más episódicas que en Fringe. A pesar de que la serie de Chris Carter fue un gran ejemplo de cómo mezclar tramas que se auto-resolvían en cada episodio con otros tres o cuatro grandes arcos argumentales que podían recorrer una temporada completa e incluso varias temporadas, este rasgo en la obra de Abrams es mucho más marcado. Es probable que esto tenga que ver con el número cada vez mayor de espectadores activos que reclaman una televisión densa y compleja, que les haga pensar y que huya de los personajes esquemáticos y manieristas y las tramas simplonas y de manual que se practica en buena parte de la televisión episódica a causa de la imposibilidad temporal para el desarrollo. Ésta es la misma razón por la que Fringe tiene un carácter mucho más marcadamente referencial que Expediente X: la televisión se encuentra en mitad de un enorme proceso de auto-conocimiento y auto-evaluación, cuyo mejor ejemplo son series como Community (Harmon, 2009-) o 30 Rock (Fey, 2006-). Así pues, la referencialidad de Abrams es, obviamente, con respecto a los clásicos televisivos de intriga, ciencia ficción, misterio y género fantástico: el Gobierno americano de Fringe recuerda a los protagonistas que su trabajo es heredero de la sección X, y uno de los amigos del científico protagonista, Walter Bishop (John Noble), es ni más ni menos que el Doctor Jacoby de Twin Peaks. Hay un guiño especial también para los fans de la ciencia ficción: uno de los grandes secundarios de la serie, William Bell, está interpretado por Leonard Nimoy, y en su oficina hay libros de estudio científico relacionados con Spock. Los libros y las citas son un elemento constante en Fringe de la misma manera que lo eran en Lost, y funcionan de la misma manera: movilizan inmediatamente a la comunidad fan, que a través de foros y blogs diseccionan las referencias de la serie en la búsqueda de conexiones simbólicas con las tramas en las que están, de facto, participando. Así pues, en la serie de Abrams el carácter serial se va desarrollando por encima del episódico, especialmente a partir del final de la primera temporada, en la que la obra pierde un poco el tono procedimental de series como CSI o Bones (Hanson, 2005-) y se adentra directamente en el terreno del drama, aunque en ningún momento dejarán de mantener relación constante.

Si dejamos el aspecto narrativo y nos centramos en el guión, podemos descubrir en él algunas cosas que reflejan el cambio del estado de cosas en el mundo en los últimos veinte años. En primer lugar, es curioso observar el cambio de roles de género que realizan los protagonistas desde Expediente X a Fringe. En este caso, la fuerza y la decisión del personaje protagonista no recae sobre un hombre, como era el caso del Mulder interpretado por David Duchovny, sino que es Anna Torv en su papel de Olivia Dunham la que lleva los pantalones en la investigación; además, la tensión sexual no resuelta que durante buen número de temporadas impregnó la trama de Expediente X se desarrolla en la obra de Abrams de manera mucho más explícita, convirtiéndose de hecho en una trama más que evoluciona a lo largo de los episodios. Así pues, se trata el tema de la sensibilidad femenina, su especificidad con respecto a la del hombre, y cómo ello afecta al entorno de trabajo; aunque, eso sí, todo de manera bastante esquemática. De la misma manera que ocurre en la serie de televisión procedimental, hay un conjunto de bases que se dan por sentadas y que jamás se cuestionan ni crean conflictos; nos encontramos ante un sustrato universal que funciona casi sin preguntas y sin respuestas, y que está centrado sólo en los diez metros que rodean al personaje principal que está siempre en cuadro. De la misma manera que el Quantico, Virginia de Expediente X estaba rodado en Canadá, el Boston, Massachussets de Fringe podría ser realmente Beirut por lo que el espectador sabe, y no reconoceríamos Nueva York ni a tiros si no fuera por los grandes planos generales que a menudo introducen las secuencias.

La forma en que el elemento fantástico participa en la trama principal también es muy diferente en ambos productos. Si nos retrotraemos hasta los comienzos de la televisión, e incluso a lo que ésta hereda de los códigos del terror clásico de la época de los estudios, es posible ver la evolución en cuanto al enfoque de aquello que tiene que ver con lo sobrenatural. Durante la primera etapa de la televisión, y aproximadamente hasta los años 70, el fenómeno sobrenatural era decididamente de carácter religioso, siendo frecuente el exorcismo, y estaba mucho más relacionado con el cronotopo correspondiente al imaginario colectivo del sur profundo de los Estados Unidos. Los fenómenos ocurrían en el campo, alejados de los núcleos urbanos, y en general los protagonizaban personas que tenían cara de no tener todas las neuronas en su sitio o de colgarse una capucha blanca en la cabeza, beberse un trago de whisky e irse a quemar cruces y negros con la misma alegría despreocupada. Sin embargo, a partir de los 70, los fenómenos sobrenaturales también se ven obligados a ser parte del éxodo rural y se mudan a la ciudad: es la época de la explosión de los poltergeist y los lugares encantados, que recogen en sí buena parte de la tradición romántica de autores como Edgar Allan Poe. También se diluye en esta época un poco el elemento religioso en estos fenómenos sobrenaturales, producto probablemente de la resaca de mayo del 68 y de Woodstock, e incluso cuando lo son, a veces los espíritus malignos poseen a personas y a veces a objetos, lo cual es algo bastante inaudito y seguro que bastante blasfemo. Si a esto le sumamos la herencia de los clásicos de la ciencia ficción en televisión, como la ya mencionada La dimensión desconocida, obtenemos el punto de partida de Expediente X: ciudades frías e inhóspitas, tan grandes y tan iguales entre sí que lo desconocido podría habitar en cualquier parte. Se instituye la aparición del elemento extraño en una realidad por lo demás completamente naturalista, y es de esta manera en la que funciona el mecanismo del misterio y del miedo.

(Continúa en la segunda parte)

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2 thoughts on “Códigos genéricos en televisión: de Expediente X a Fringe (I)

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