cine

Mi butaca: Electroma (Bangalther y De-Homem Christo, 2006)

HUMANOS DESPUÉS DE TODO                                                                         

Tras el fracaso unánime de crítica y público de su disco Human After All (2005), Thomas Bangalter y Guy Manuel de Homem-Christo volvieron a desmarcarse de las expectativas presentando Electroma, una obra a todas luces arriesgada, a medio camino entre el experimento visual y la road movie existencialista.

La película es un ejercicio netamente posmoderno, que rompe todas las expectativas del fan de Daft Punk que se acerque a ella. Electroma se basa en las relaciones entre la narrativa visual y la musical, y especialmente en el silencio como forma de expresión, muy alejada en esto de su anterior obra, Interstella 5555; aquí no encontraremos un solo minuto de música del grupo. Rodada por el propio Bangalter, con la colaboración de grandes nombres del audiovisual contemporáneo como Chris Cunningham, hay en la cinta indagaciones sobre la textura de la imagen y encuentros entre la estética de la imagen digital, de formas geométricas y blancos y negros, con el fuego y con los azules granulados y casi hoscos de las noches americanas.

La clásica boda robot.

El tema tratado en la obra es, también, posmoderno. La identidad del humano y de la máquina o la búsqueda de la individualidad en la masa informe son temas de la obra de autores como Philip K. Dick o películas como THX 1138. Sin embargo, en este sentido también es vanguardista Electroma. La película se aleja de los parámetros habituales de la narrativa, operando en el paradigma de cierto cine contemporáneo cuya intención es captar el instante y su desarrollo en el tiempo; estéticamente, esto se ve definido a través de un pausado montaje de planos sostenidos y largos planos secuencia que harán que por momentos parezca que estamos viendo la versión cyborg de Gerry.

La relación con obras anteriores es uno de los puntos fuertes de Electroma. Esta pieza musical –o musicada- juega alrededor de la teoría de la sinfonía visual basada en el montaje que defendían los teóricos del cine mudo de los 20; las referencias van desde las piezas experimentales de Clair o Eggeling hasta los comienzos de la indagación en el arte digital de autores como John Whitney; algunos momentos de esta distopía naturalizada recuerdan a obras como Zabriskie Point y al tratamiento fílmico de Kubrick. Además de la constante reflexión sobre el modo en que funcionan los códigos musicales como detonante sentimental en el cine, son especialmente destacables algunos hallazgos visuales, como ese engañoso y sexual plano de unas dunas que recuerdan sospechosamente a El origen del mundo de Courbet.

Electroma es, al fin, una pieza de post-cine más que de anti-cine. Un valioso ejercicio que deja un profundo vacío humano y una honda satisfacción estética.

El origen del mundo, de Courbet.
El origen del mundo, de Courbet.
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