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La ciudad desnuda

LA CIUDAD DESNUDA

Apenas acertamos a saber
cuál es el quejido que se esconde en la noche,
en la luz mortecina sobre los maniquíes
de los escaparates,
en los ojos vidriosos de las muchachas leves
de calleja en calleja con tacones gastados.
Un taxi solitario lleva a alguien a casa
y el ruido de las risas de una pareja ebria
se cruza con el de una botella que se parte.
Unos cristales rotos crujen bajo los pies
de un niño que escapa de los gritos de su madre,
de las palmas hambrientas de su padre.
Da las cuatro el reloj de la farmacia.
En una esquina con olor a orín,
una botella de bourbon vacía
y un hombre indistinguible detrás de una gabardina vieja
que susurran un son que les raspa la garganta.
Cuál es el don que la ciudad les niega
y cuál el canto limpio que retuerce y asfixia
y condena al silencio
el estómago enfermo de las calles que cruzan.

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One thought on “La ciudad desnuda

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