cine

Mi butaca: Inglorious Basterds (Tarantino, 2009)

UN ARMA CARGADA DE PASADO


Si hubiera que definir el cine de Tarantino en una palabra, es posible que fuera “juego”, e Inglorious Basterds no es una excepción a esa regla. Las constantes del cine de Tarantino siguen ahí: una espectacular fotografía y cuidado uso del formato panorámico, una dirección hábil y un espectacular montaje a cargo de Sally Menke, ya tristemente fallecida. Otras constantes más narrativas del autor también se mantienen en esta película: el gusto por lo que podría llamarse el diálogo-macguffin, la unión de planos largos con planos flash, el escarceo constante con el cine de género, etc.

Tras el fallido experimento que fue Death Proof, Inglorious Basterds nos sitúa en la Segunda Guerra Mundial, lo que le obliga a estar más comedido con las referencias a la pop cult de los sesenta, aunque no le impide meter canciones de David Bowie en la banda sonora. La película comienza con una escena absolutamente magistral, que recuerda al pulso dramático de autores como Eastwood, en la que Tarantino demuestra por qué es uno de los mejores trabajando el suspense a través del diálogo. Desde este momento empiezan también las referencias cinematográficas, en este caso a Centauros del Desierto y a Hasta que llegó su hora.

La referencialidad es un elemento básico del juego del director, que en este caso decide hacer un acercamiento al cine de la UFA nazi, desde los nombres más conocidos (Riefenstahl), a otros como Pabst; en este juego en el que también juegan un papel los idiomas (esta multiplicidad recuerda a obras como Un film falado de Manoel de Oliveira) las referencias están también en los propios nombres de los personajes: Stieglitz o Margheriti, por ejemplo. Y cuando no están explicitadas en texto, sí lo están en la estética: los episodios de los Basterds recuerdan a Lee Marvin y sus Doce del patíbulo.

Tarantino se sirve del cine como herramienta para reescribir la Historia. Donde la poesía era, para Blas de Otero, “un arma cargada de futuro”, el director la carga de pasado y crea una nueva caída para el régimen nazi. A través de la quema de la pantalla donde la cara del personaje de Shosanna nos remite a La pasión de Juana de Arco, la obra maestra de C. T. Dreyer, en el que el asesino nazi se asquea a sí mismo, Tarantino se muestra consciente y atento sobre de los procesos del aparato cinematográfico.

Sin embargo, como también es común en el director, a la película le sobra metraje y tiene grandes caídas de ritmo y episodios que simplemente sobran. Como siempre, parece que quien más se divierte con las películas de Tarantino es el propio director.

NOTA: 7/10.

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3 thoughts on “Mi butaca: Inglorious Basterds (Tarantino, 2009)

  1. Diego Rivas dice:

    Me parece tremendo Film! No es mas de lo mismo! Que suelen hacer en las películas de guerra! Me encanta y no me canso de verla!

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