apuntes

El arte de la pulcritud

Un cine que enseña a los débiles a no respetar a los fuertes, al sirviente a no respetar a su amo, que muestra rostros sucios, barbudos, antihigiénicos, sucesos sórdidos y un realismo extremo no es cine. Imaginemos a una joven pareja que va a ver una película norteamericana típica. Verán a un héroe de facciones limpias, bien afeitado, con peinado impecable, ágil: un caballero. Y la muchacha será hermosa, con un cuerpo bonito y una cara graciosa, un peinado moderno, fotogénica… la pareja que contemple una película como ésta comentará que ya ha visto esas imágenes antes una veintena de veces. Pero sobre sus corazones soñadores no caerán las sombras de una terrible brutalidad, ni ningún rostro sucio que pueda robarles la magia y la poesía. Los jóvenes de hoy día no pueden aceptar la revuelta, la falta de higiene, la lucha y el combate eterno contra quienes tienen el derecho a ejercer el poder.

Este texto es un editorial publicado en la revista norteamericana Cinearte en el año 1926. Y es sorprendente la brutal y cínica vigencia que siguen teniendo sus palabras. Las preguntas que se le presentan a un espectador actual son muchas; ¿han ganado?, ¿les hemos dejado ganar?

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