apuntes

La poesía de lo que no está

Cuenta la leyenda que Georges Méliès, tras ver Le repas de bébé (1895), quedó completamente fascinado. Y que esta filmación fue una de las principales motivaciones estéticas que luego le llevarían a hacer trabajos tan espectaculares y reconocidos como Voyage dans la lune (1902). En la cinta sólo se ve a uno de los hermanos Lumière y a su mujer dándole de comer a su hijo pequeño. Sin embargo, lo que captó de manera especial la atención de Méliès no fue nada de esto, sino que en una esquina de la imagen se podía ver unas hojas de un árbol agitadas por el viento. Esto es lo que le resultó fascinante a uno de los primeros creadores personales de la historia del cine, lo que quizá diferencie al cine como disciplina artística: la capacidad de la imagen en movimiento de mostrar lo que no está ahí a través de lo que sí lo está.

Esta noción, que tiene mucho que ver con la sugerencia, y con esa inabarcable totalidad a la que llamamos simplemente misterio, no es por supuesto exclusiva del cine. Antes de ser devorados por el subconsciente y la saliva enferma de los perros de Pavlov, antes de que la fotografía hiciera que se dejaran de pintar paisajes para pintar formas geométricas elementales, artistas como Turner o Friedrich habían hecho intentos de pintar la niebla, de animarla, de poner en el mismo plano lo que se muestra y lo que se oculta. Este principio llegaría también al expresionismo y algunos otros movimientos antes del vertiginoso salto de las vanguardias más duras.


(Caspar David Friedrich, Winter Landscape)

Y, por supuesto, a lo largo de la historia de la poesía hay múltiples ejemplos, desde San Juan de la Cruz, de cómo mostrando se puede enseñar aquello que está mucho más allá. El poeta José Julio Cabanillas sostiene que la labor de la poesía es descorrer levemente la cortina tras la cual reposa el misterio, y la labor del poeta es la de observar la luz que le mancha la cara tras descorrer esa cortina. Incluso en la línea de esta misma metáfora, el poeta Eloy Sánchez Rosillo, en su penúltima obra, Oír la luz (Tusquets, 2008), escribe:

Debo decir que cuando yo era niño
y en el campo veía la densa muchedumbre
de estrellas en los cielos del verano,
además de mirar tanto fulgor,
podía oír la luz: se escuchaba allí arriba
como un rumor de enjambre laborioso.

Ésta es, para mí, la labor que ha de cumplir el arte si quiere ser considerado universalmente valioso, e incluso eterno. La labor que todo artista debería emprender, de una manera o de otra. La aspiración que, supongo, todos tenemos.

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3 thoughts on “La poesía de lo que no está

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