cine

Mi butaca: Copia Certificada (Abbas Kiarostami, 2010)

UNA HISTORIA, TODAS LAS HISTORIAS

El último film del iraní Abbas Kiarostami –su primera película europea- vuelve a plantear algunos de los temas que han preocupado al director a lo largo de su filmografía. Después de sus últimas películas experimentales –el binomio formado por Five y Ten-, ha optado por volver a un cine más narrativo –con reservas-, que le llevó al reconocimiento de crítica y público con obras como El sabor de las cerezas o A través de los olivos. La película empieza tomando a contrapié al espectador; acostumbrados a que el planteamiento se desarrolle en dirección a una conclusión final, Copia Certificada prefiere jugar a la inversa: en la primera secuencia, James Miller –William Shimmell- expone el planteamiento intelectual con el que Kiarostami va a trabajar durante el resto del metraje: si hablamos de arte –en principio-, ¿para qué necesitamos el original si podemos tener una buena copia?

Decide el director de esta manera poner las cartas sobre la mesa desde el primer momento, como también lo hace con sus referencias. El desarrollo narrativo del film gira alrededor del ya citado James Miller y del personaje sin nombre que interpreta Juliette Binoche, que ya trabajó anteriormente con Kiarostami en su película experimental Shirin. La aparición de Jean Claude Carrière, co-guionista de Luis Buñuel en algunos de los mayores éxitos de su época francesa, también puede ayudarnos a interpretar y comprender una película que pone gran énfasis en el juego narrativo.

Con una estructura y unos personajes que remiten a Viaggio in Italia, de Roberto Rossellini, Copia Certificada abarca un proyecto quizá más amplio que el del director italiano. A pesar de ser –en apariencia- la referencia más clara de este film, mientras que Viaggio in Italia (Te querré siempre) analiza el proceso de destrucción de un matrimonio maduro, la película de Kiarostami hace un recorrido completo por la historia de una relación, o de un amor, o tal vez de todas las relaciones y de todos los amores del cine.

La primera parte del film es una estudiada argucia del director para, de nuevo, tomar al espectador por sorpresa: todo parece ir pacíficamente según lo previsto hasta que, de repente, una tradicional mujer mayor italiana confunde al personaje de William Shimmell por el marido de Juliette Binoche. Todo cambia de repente, y a lo largo del metraje veremos varios puntos pivotales de cambio en la narración que no son explicitados de forma visual sino a través de la actuación y las conversaciones de los personajes. Es aquí especialmente donde destaca Juliette Binoche, que cambia de registro con una naturalidad asombrosa (acercándose por momentos incluso a la interpretación melodramática de autores como Douglas Sirk), y en el tramo final de la película se comerá a un primerizo William Shimmell, que hasta ese momento había conseguido aguantar bien los envites.

Copia Certificada le debe quizá más a Buñuel que a Rossellini. La forma de articular la narración de la película, sin explicitación ni explicación de los momentos de cambio –en un momento de la película, Binoche dice, refiriéndose a su hijo: ¡es que no tiene concepto del tiempo!-, recuerda mucho a películas como El discreto encanto de la burguesía. En una narración donde el tiempo de historia es muchísimo mayor que el tiempo de discurso, los protagonistas no dejan de ser dos burgueses que, en medio de un vertiginoso proceso de maduración, envejecimiento y desesperanza en el que incluso cambian de idioma para conversar según la etapa de la relación en que se encuentren, no hallan la manera de enfrentarse a su situación y se encuentran con la imposibilidad de cambio (Miller ha de coger un tren que parte a las nueve). En el jardín sin hojas del amor maduro, la esperanza, la otra vida, queda siempre al otro lado del cristal, que es otro elemento conceptual constante en la película.

Unos personajes que cambian, que no saben dónde están ni adónde van; Copia Certificada habla no sólo del estar siendo de un amor que cambia constantemente y al que es difícil adaptarse, sino que también se acerca a los orígenes mismos de la representación cinematográfica, algo que ya había hecho Kiarostami en obras anteriores. A través de conversaciones a veces estereotípicas y cercanas al melodrama o a obras como ¿Quién teme a Virginia Woolf?, el director vuelve al tema que plantea al comienzo de la película: “analizar las obras originales significa cuestionar sus orígenes”. Sin embargo, a pesar de la sobresaliente actuación de la Binoche, Copia Certificada tiene su mayor atractivo en el juego intelectual y narrativo. Una vez descubierto el truco, la película difícilmente soporta más allá de un segundo y atento visionado.

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