cine

Mi Butaca: En Construcción (José Luis Guerín, 2001)

PROMETE, PERO NO CONVENCE

Esta producción de Guerín avanza a lo largo de su metraje en un lentísimo camino que va desde el documental hacia el drama social puramente ficcional. Aunque al comienzo del metraje da a entender con la estética que estamos ante un documental, pronto nos daremos cuenta de que el propio artefacto estético del género queda relegado a un segundo plano: no veremos jamás a un personaje mirando a cámara ni aludiendo a asuntos concretos que puedan llevar a pensar en la figura del documentalista detrás de la cámara; el objetivo será un mero espectador, cercano pero invisible, que se limitará a retratar la vida de los personajes de un barrio de Barcelona, que puede ser considerado el gran personaje de esta película.

Uno de los hallazgos estéticos de En Construcción es precisamente ése: la sensación constante de que es el barrio el verdadero protagonista de todo lo que allí acontece. El sonido en off juega un papel fundamental en este sentido, y durante buena parte de la película estaremos oyendo sin parar el ruido, unas veces de fondo y otras en primerísimo plano, unas veces tranquilo y otras ensordecedor, de unas obras que cambian y a la vez permiten seguir igual a las vidas de los personajes a los que afecta. Estos personajes viven cercanos, como en las novelas de escritores contemporáneos del estilo de Raymond Carver o en películas de autores como Jim Jarmusch, con la diferencia de que sus vidas nunca llegan realmente a cruzarse. Conforme avance la película, el tono documental dará paso a un trasfondo puramente social mientras el director focaliza el desarrollo del argumento en las vivencias de unos pocos de los muchos personajes que se presentan en los primeros compases del film. Serán los planos intermedios, de una marcada búsqueda de belleza a pesar de su sucia estética sacada del reportaje televisivo, los que marquen las elipsis más importantes de la trama.

Sin embargo, es prácticamente aquí donde acaban las virtudes de esta película. A pesar de que algunos de los personajes están bien traídos, y ciertos diálogos de la parte final de la película –uno especialmente entre dos ancianos que discuten de manera casi surrealista en un bar- recuerdan a películas muy interesantes, como Coffee and Cigarettes, del ya mencionado Jim Jarmusch, varias de las grandes líneas argumentales que se despliegan –tarde y mal- en En Construcción parecen no alzar el vuelo nunca ni tampoco ir hacia ninguna parte. Además, en ocasiones nos avergonzará ver escenas en las que sentiremos que un mal guión está siendo leído por un mal actor, pullas ideológicas sobre la lucha de clases aparte.

En resumen, esta película tarda mucho en despegar, y cuando lo hace, es de manera débil. Sólo la original apuesta de Guerín y algunos hallazgos estéticos en los planos visuales y de sonido hacen que merezca la pena darle una oportunidad a este drama costumbrista que, en definitiva, no consigue engañar a nadie.

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