prosita

Debajo del limonero

(Mi participación para esta semana en La copa del meado)

Me he sentado debajo de un limonero. Me asombro una vez más de la rugosidad amarilla de sus frutos. El suelo está aún húmedo de la lluvia de esta mañana, cuando llegué a la ciudad. Han sido días larguísimos en un autobús maloliente. En el autobús he conocido a S., otra chica que también venía a la ciudad, y hemos hablado de nuestras familias, y de nuestra infancia, y de nuestras esperanzas, y después ya no teníamos nada más de lo que hablar. Hemos quedado en vernos dentro de unos días para darnos nuestros números de teléfono y no perder el contacto. Me pregunto de qué hablaría con ella por teléfono. De todas formas, tendré que hablar con R. para solucionarlo. R. es mi contacto en esta ciudad. Tiene casi cuarenta años, creo, la cara picada, fuma a todas horas y su pelo está empezando a teñirse de blanco. Le he conocido hoy. Yo había hablado algunas veces con él antes de salir del país, pero jamás le había visto. Él lleva aquí bastantes años, y por lo que me contó hace como de punto de encuentro entre diferentes personas que llegan aquí como yo, con nada de dinero y sin saber el idioma. Tiene cara de estar enfadado todo el tiempo, y parece que siempre llevara prisa.

Ha empezado a soplar el viento y hace frío. Es un frío más leve que el de V., la ciudad de donde vengo, pero diría que cala más rápido. Menos mal que R. me ha dado tabaco. Busco uno en el bolso y lo enciendo. ‘Fumar puede matar’, pone en un letrerito en el paquete. No conozco la marca, ni sé qué significa. El bolso se ha mojado también de estar en el suelo y me ha manchado la minifalda blanca. Es casi la única ropa que he traído a la ciudad, pero R. me ha dicho que a lo largo de los próximos días se hará cargo de todas esas cosas. Se ha hecho noche cerrada y tengo hambre. No veo ningún bar cerca, y de todas formas tampoco tengo dinero. En cuanto se acaba el cigarro me enciendo otro. Miro el reloj: las diez. R. me ha dicho que volverá a por mí a las cinco.

Pienso en mi madre ahora. Sólo consigo recordarla mirándome con pena antes de irme. No la había visto muchas veces tan triste. Mi padre ni siquiera quiso despedirse de mí. Sólo se quedó allí, dándome la espalda y refunfuñando. Lo habíamos hablado muchas veces antes, pero siempre se había negado a escuchar. Para él, uno debe quedarse en el lugar al que pertenece y vivir allí como pueda, como el árbol hinca sus raíces en la tierra a pesar de todo y se mantiene en pie aunque le acose la muerte. Yo decidí huir. Le prometí a mamá que volvería pronto.

Lo que dejé atrás no importa. En realidad, tampoco importa lo que me espera. Mientras conversaba con S. me daba cuenta de que en realidad, de vez en cuando, la vida te daba un golpe y te arrastraba sin poder evitarlo. Era como ser llevado por la marea. Simplemente no podías hacer otra cosa. Aquello estaba en tu cabeza y no podías evitarlo. Y te arrastraba, y te arrastrabas. Así llegué yo aquí. R. también parece tener la misma impresión. No lo he hablado con él, claro, pero lo veo en sus ojos. Ha visto a demasiada gente golpeada, y tal vez ha golpeado a demasiada gente. Me miraba con cierta pena él también a los ojos, como mi madre. Luego me dijo una frase que también solía decir mi padre: ‘uno tiene que hacer lo que tiene que hacer’.

Hace cada vez más frío y el tabaco se me está acabando rápido. R. me ha prometido que podrá conseguirme algo de cocaína para mañana. Al levantarme me he golpeado la cabeza con un limón. Por alguna razón he creído que me daría suerte y lo he guardado en el bolso. En realidad creo que echo de menos a S. Unas pocas de las farolas de esta calle se han apagado de repente, y las luces de los coches me deslumbran al pasar. Me miran inquisitivos. Frenan un poco y me miran fijamente y luego continúan. Me he pasado la mano por el culo; de sentarme en el suelo se me ha mojado la falda, y seguro que está sucia. Espero que R. pueda hacerse cargo mañana de esto. Lo único que me ha enseñado en el idioma de aquí es una frase: ‘quince chupa, treinta completo’. No sé qué significa, pero supongo que lo averiguaré pronto. Un coche ha parado a mi lado. Sigo teniendo hambre. R. me ha dicho que si sigo en la ciudad en primavera, me llevará a ver una cosa llamada ‘jacarandas’ que me va a encantar.

FIN

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