prosita

Desayuno con cerveza

A pesar de que se había ido hacía algunas semanas, todavía algunas noches hacía cena para dos por error. Cuando se daba cuenta dejaba el plato de ella sobre la mesa, con un gesto afectado y ridículo de tragedia griega o melodrama barato. Maldita sea -pensaba-, cualquier día voy a quedarme sin espacio en la mesa para poner mi propio plato. Y entonces declamaba aquel sangrante poema de Miguel d’Ors, que empezaba diciendo “en la cena me sobra media pizza”. Y acababa diciendo: “…porque me faltas tú, mi media vida”.

A lo que sí aprendió fue a acabar con la mitad de la botella de vino que no le correspondía. Luego venía el arrastrarse por el sillón hasta caerse al suelo como un muñeco desinflado, los eructos a destiempo, los insultos al aire. Y de repente era otro día y, joder, ella no estaba allí para preparar el desayuno. Cada mañana, así, acababa pensando en hacer lo que en aquellas películas cutres: desayunar cereales con cerveza. Eso era todo.

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