apuntes, cine

Mi butaca: The Wrestler (Darren Aronofsky, 2008)

Desde los estrechos pasillos del backstage, los gritos de los aficionados son apenas un murmullo. Conforme se acerca a la cortina de entrada a la sala del ring, el murmullo se torna furioso griterío. Randy “The Ram” Robinson lo conoce muy bien. Ram Jam! Ram Jam! Se golpea los antebrazos con fuerza mientras observa a la afición con la cabeza alta y sonriente. Es toda la vida que desea, toda la vida que conoce.

Sin embargo, no todo es ovación y ánimo. Han pasado ya casi veinte años de su mítico combate con Ayatollah en el Madison Square Garden. Las portadas de periódico se han ido, como la satisfacción de escuchar su nombre cien veces cada noche en cualquier radio americana. Mantiene aún su propia figura de acción en el salpicadero de su furgoneta, donde suenan incansablemente Guns ‘n’ Roses. Los noventa fueron una mierda, piensa. En los noventa se hizo viejo, y pasó de pelear en el Madison a cuadriláteros de cuarta, como una vulgar tonadillera de pueblo. De dejarse la piel y la carne en el ring, a ensayar junto a sus contrincantes cada movimiento del combate. Y en los noventa también se fue Stephanie, su hija. A “The Ram” han dejado de dolerle las cosas de dentro del cuadrilátero, y han empezado a dolerle las de fuera.

Todo el descanso de este vulgar trozo de carne son algunos niños que, entre divertidos y compasivos, juegan con él por las mañanas cuando sale de dormir en su furgoneta o le acompañan en algunas partidas a “Ram Jam, el juego”. Para Super Nintendo. También Cassidy, una stripper del club al que suele ir habitualmente, y a la que quiere convertir en una mujer decente. Claro que tampoco sabe muy bien cómo. Randy sabe pelear, pero poco más. Tras inflarse a medicamentos para no dejar de pelear y sufrir un infarto a causa de ello, “El Carnero” tiene que buscarse la vida fuera del ring. Sin las hostias de dentro, las de fuera te las da la rutina, el aburrimiento y la miseria. Ésas sí que duelen. Incluso en los momentos buenos, cuando baila con Cassidy y la besa, o cuando se reúne con su hija después de tanto tiempo y bailan un vals en un salón vacío, sabe que nada de eso puede durar mucho. Ninguna cosa buena dura mucho. Siempre hay un montón de mierda que viene a ponerse encima de todo lo demás.

Y así es. Randy sabe poco más que pelear, y la vida diaria requiere de una serie de habilidades que no todo el mundo puede aprender y practicar. Por eso, tras regalarle al hijo de Cassidy su figura de acción, ella le abandona. Las mujeres siempre se van. Su hija también. A Randy se le ha olvidado que había quedado con su hija gracias a una golfa cocainómana que le entretiene follando. Ahora también se le ha ido su hija. Y todo lo que le queda es una vida asquerosa, entre su furgoneta y una caravana que no llega a pagar todos los meses, y un horrible trabajo en un Deli aguantando a viejas y gilipollas. Y para esto, qué coño, que le den por el culo al bypass y al corazón. Randy ha dejado su vida en el cuadrilátero para  buscar una nueva, mejor, con aquello que desea. Pero aquello que desea le huye y le rechaza. You can’t always get what you want, que dirían los Rolling. Así que tal vez sea de volver al ring, a hacer un Ram Jam de despedida sobre su contrincante mientras recibe el aplauso y el calor de su público, que no sabe nada de su miseria, y demos gracias.

***

Hay algunas referencias bíblicas en The Wrestler y una pequeña comparación entre la figura de Randy y la de Jesucristo.

Buena parte de la película gira alrededor de la idea del dolor como redención, aunque este dolor esté preparado de antemano y casi ensayado. Los combates están rodados con una precisión quirúrgica. En una ocasión Randy, “El Carnero” (o “El cordero”, si queremos que la traducción sirva a nuestros fines) habla con Cassidy sobre alguna de las heridas que ha ido acumulando en su cuerpo a lo largo de los años. Ella le dice: “Fue empujado por nuestras faltas y lacerado por nuestras injusticias. Nuestro castigo recayó sobre él”. “¿De dónde es eso?”, pregunta Randy. “La Pasión de Cristo. Tiene el pelo igual que tú. Deberías verla”, responde ella. Poco después volveremos a ver otra vez “desangrarse” al carnero, en una escena que mezcla la referencia bíblica con la crítica social velada hacia el mundo de la lucha profesional y la degradación social de la masa.

En el ring vuelve a haber una metáfora bíblica, que esta vez gira sobre el público. El mismo público que ovaciona a Randy al entrar, que le ha seguido durante años, y al que llaman ídolo –Dios-, es el mismo que luego jalea a sus ejecutores y hace un festín con su carne. Antes de la escena final, mientras trabaja en el Deli, un cliente parece reconocerle. Sin embargo, Randy niega serlo. Se niega a sí mismo. Tres veces. Y llora. Y vuelve a aparecer el tema del dolor como redención. Se corta un dedo como forma de autocastigo, y a la vez de liberación.

Pero sin embargo, la escena más cargada de connotaciones bíblicas –Aronofsky es judío- es la del combate final. En ella, vemos a un Randy Robinson completamente abandonado por todas aquellas personas que consideraba suyas, especialmente su hija Stephanie. La única que le acompaña, como sorpresa final, es una improvisada María Magdalena –Cassidy-, que llora porque sabe a lo que va a enfrentarse The Ram. Va a subir él la cruz para sacrificarse. Su contrincante, Ayatollah, repitiendo el mismo combate de 20 años atrás, hace de Simón Cirineo en este camino. Le ayuda a cargar la cruz; se deja ganar. Le anima, le dice que lo deje, que se vaya a casa. Pero Randy está decidido a entregarse, a ofrecerse como sacrificio al público. Y Randy sabe lo que quiere el público: un último Ram Jam. Se pone de pie sobre las cuerdas, pone los brazos en cruz y da un salto hacia no sabemos dónde. Pero quizá aquí no haya redención posible, ni del público, ni de Randy, ni del espectador, y en el fondo tal vez acabemos sintiendo esto como un acto egoísta. Especialmente por María Magdalena. Es imposible no enamorarse de Marisa Tomei. Ustedes me disculparán.

Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s