apuntes, música

El sueño americano: de la ley seca al gangsta rap (I)

Aviso preliminar: en este artículo voy a hablar de la comunidad negra, de su evolución a lo largo de la historia reciente de los Estados Unidos, de la música rap, y en general de la idiosincrasia americana. Si eres antiyanki, tienes una bonita y gran X roja arriba a la derecha. Gracias.

Muchas veces a lo largo de mis años como oyente de música negra he tenido que oír bastantes opiniones de tasca de abuelos sobre esta música; que si música comercial, que si prefabricada, que si hecha para ganar dinero. Que si misoginia, que si vacilar, que si putas, que si dinero y que si coches y ropa. Es la misma gente a la que le encanta etiquetar cosas según su propio criterio. La misma que, según el grupo o solista le parezca de valor o no, calificará el estilo como “soul” o como “r&b”.

Pero, en el fondo, los que despotrican de la música rap actual y se lanzan enfervorecidos a los brazos del jazz de Bird o del blues de Lightnin’ Hopkins como si en ello les fuera la vida no han entendido nada. No sólo no han entendido nada en lo genuinamente musical, sino que tampoco han entendido cómo ha funcionado el siglo XX en relación a estos músicos en est sentido. Pero vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador, jaja, me parto.

Aunque la primera grabación de blues tal como la conocemos hoy data de 1912 -aunque si escarbamos podríamos encontrar los orígenes antes-, podríamos decir que empieza a surgir como género a partir de los años 20. El lugar ya lo conocen: New Orleans y alrededores, lo que algunos llaman el sur profundo y otros directamente la América profunda. Si ustedes me permiten decirlo, no era el mejor sitio para llevar una vida pacífica y sin complicaciones. En 1920, mientras crecía Robert Johnson, al country y al blues los llamaban race music, se promulgó una de las leyes que, en mi opinión, más ha marcado la idiosincrasia y el lifestyle americano desde entonces: la Ley Seca.

América es, o se autodenomina, como todos hemos oído y algunos usan como término despreciativo, “el país de las libertades”. Por eso, a mucha gente no le hizo gracia esta enmienda a la Constitución estadounidense. Todos los aficionados a la Historia de EEUU saben cuál fue la consecuencia –lógica, por otra parte- de esta ley. Un aumento exponencial del tráfico de booze, un incremento enorme del poder de las bandas mafiosas, y el surgimiento de figuras como la de Al Capone, aún hoy considerado una especie de héroe por mucha gente -¿Michael Cornelone someone?-.

El país entero se llenó de policías patrullando calles y de bares clandestinos ubicados incluso a la espalda de mercerías o tiendas de juguetes. Estos bares eran llamados speakeasy, y están muy bien retratados en muchas películas de cine negro de las décadas de los 40 y 50. Ésta fue la época del auge del blues, y del nacimiento del bop y del hard bop y del jazz de las big bands y el comienzo de la cultura del club –no confundir con la actual- con actuaciones de cabaret y cantantes que enseñaban carne por encima de la pantorrilla. Y ésta, seamos sinceros, fue la salida de la calle y del barro para muchos negros de la época: la música. Muchos incluso se hicieron ricos y famosos, aunque el prejuicio racial contra ellos tardaría mucho más en desaparecer. Aquí es donde se cae el primer mito de los jazzeros de pacotilla, cuando entienden que no es que el jazz fuera desde su nacimiento un género lleno de clase y glamour, sino que vestían a los negros con traje y corbata o pajarita para dar una imagen medio decente delante de la burguesía neoyorkina (o de donde fuese). Que se lo pregunten a Herbie Hancock, o a Miles Davis.  En la película Bird, de Clint Eastwood, o en Round about midnight, este fenómeno está muy bien retratado. Pero aun así, eso fue lo que les sacó de la calle. Y lo que les mantendría ganando dinero, y sobreviviendo, más bien que mal en la mayoría de los casos, desde los años 20, desde el derogamiento de la Ley Seca en 1933, hasta hoy –y mañana-. Con salvedades, por supuesto, pero con nombres que se nos echan encima con letras gigantes, como la Motown.

Como apunte, podemos ya notar que hay cosas que no han cambiado desde el nacimiento del blues, su posterior transformación en rythm’n’blues, luego hacia el rockabilly y todo el enorme número de géneros que surgieron de ahí, hasta el r&b y el rap que surgen en los 80 y que se extienden hasta nuestros días. Los temas que se tratan, por ejemplo. Y no sólo eso, sino también la forma de tratarlo. Cualquier persona despierta y con un nivel decente de inglés encontrará que entre Mojo Hand de Lightnin’ Hopkins y muchas de las canciones actuales de rap que ellos consideran misóginas y despreciables no hay mucha diferencia. También está la postura del hombre dominante en canciones como Leave my little girl alone (que por cierto, no deja de ser una canción enamorada hasta el fondo). Y también está el sentimiento de arraigo a la tierra: no en vano muchas de las primeras canciones de este género tienen nombres como “Memphis Blues”, o “Sweet Home Chicago“, por ejemplo, y de hecho el blues de algunas zonas es considerado casi como subgénero aparte. Como digo, esto se extenderá directamente hasta nuestros días, en un salto bastante curioso.

¿Y qué tiene que ver esto con el sueño americano? De hecho, ¿cuál es el sueño americano? Si algo nos demostró la ley seca es que, por una parte, a los americanos los recortes de libertades nunca les han sentado especialmente bien (cosa que se podría discutir actualmente por el apesebramiento social y el dominio de los medios de comunicación de masas, pero ése es otro tema). Y, por otra, también demuestra que a los americanos, como a la gente de cualquier parte, les gusta ganar dinero. Pero, a diferencia de los españoles, la mayoría de americanos quieren ser empresarios, no funcionarios. Y si ser empresario durante la ley seca era traficar con whisky o destilar ginebra en la bañera de un piso en ruinas alquilado a las afueras de Georgia, so be it. Y también demuestra que, ya desde comienzos del Siglo XX, la vía de escape de los suburbios y de la pobreza hacia una vida mejor -¿acaso no es ése el sueño americano?- de una parte de la comunidad negra estuvo relacionada de una forma u otra con este fenómeno y, sobre todo, con la música. Como veremos, este mismo patrón se repetirá de una forma u otra cuando nos acerquemos a fechas más actuales. Pero eso será la semana que viene.

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3 thoughts on “El sueño americano: de la ley seca al gangsta rap (I)

  1. Estaré esperando, es genial el resumen q has hecho sobre ese estilo de música y su circunstancias culturales… Yo que siempre había sido de ese tipo de memos que pensaba en el jazz y el blues son generos llenos de glamour y clase…

    Saludos Cerero.

  2. Pues yo también estaba equivocado ;)
    Y real como la vida misma, la diferencia radica en la ambición de un país, y el nuestro tiene la ambición en el forrodeloscojones. Así nos va.
    ¿Te apetecería entrar en mi pequeña comunidad?
    Se llama “Gente de puta madre + IVA” pongo la cabecera y enlace de esos blogs que considero interesantes.
    Si es así, te agradecería dejases un comentario en mi blog.
    También te invito a que te tomes una cervecita en mi rincón (sin, que después hay que conducir, je, je, je…) por lo del concurso, participo en “Actualidad” pero que si no me consideras merecedor de tu voto, no pasa nada. El que tú me enlaces a mí y yo te enlace a ti será lo que nos quedará y el mayor premio que obtendremos.

    Muchas gracias.

    http://www.loquemetocaloscojones.blogspot.com/

  3. Pingback: Blues con Muddy Waters… « Soledad Sonora

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