apuntes, cine

El autor en el cine de los estudios (I): Billy Wilder

La figura del autor en el cine de los estudios puede ser observada, contemplada y analizada desde diferentes puntos de vista. Recordemos, como acotación inicial, que centraremos esta breve observación en el cine realizado entre la temporada 1930-1931, la primera temporada completamente sonora, y el final de 1959, cuando se dicta la sentencia final contra Paramount, que obliga a la compañía a vender su sección exhibidora y da la puntilla al sistema de los estudios. Nos centraremos, también, en el cine producido en las ocho grandes: las cinco majors (Paramount, MGM, Fox, Warner y RKO) y las tres minors (United Artists, Universal y Columbia).

El cine americano de esta época no estaba sólo dominado en cierto sentido por prohibiciones –o más bien sugerencias- relacionadas con el contenido, y que tenían que ver con la existencia y aplicación del llamado código Hayes; sino también por la férrea estructura de producción imperante en estas ocho grandes compañías, que eran a la vez productoras, distribuidoras y exhibidoras. Si queremos decirlo así, sin que esto implique ninguna connotación negativa, el cine de la época se producía, en cierto sentido, como dentro de una cadena de montaje. Cada persona tenía una labor concreta que realizar dentro de la película, con la mayor eficacia y en el menor tiempo posible, y nada más; prácticamente no había espacio –o eso suponían los cahieristas- para la pura creatividad, la individualidad y la creación estética.

Por eso sorprende al poco documentado y prejuicioso espectador encontrar figuras como la de Billy Wilder, que rubrican por méritos propios su nombre en el Olimpo de los grandes –e individuales- autores del Hollywood clásico. Recordemos, como breve apunte biográfico, que Wilder llega a Estados Unidos en un grupo de gente relacionada con el mundo del cine, no sólo realizadores, sino también fotógrafos e incluso músicos, de origen alemán y húngaro en su mayoría, y que vienen huyendo de la situación que se vivía en el momento en Alemania, que se volvía cada vez más peligrosa.

Es curioso comentar esto por varios motivos. El primero de ellos es que Wilder no fue el único realizador de los que vino en ese grupo que luego supo adaptarse de maravilla a los esquemas de producción de Hollywood y triunfó sabiendo satisfacer a aquel mercado; el caso de Otto Preminger es parecido, y luego volveremos sobre él. También resulta curioso porque el caso de estos dos autores no es, ni mucho menos, el único que se ha dado de integración de autores europeos –teóricamente mucho más artísticos, de nuevo según los cahieristas- en el cine de los estudios. Esta corriente de autores, que comienza con el genial Ernst Lubitsch –la mayor influencia en el cine de comedia de Wilder, por cierto-, se perpetúa hasta Hitchcock e incluso más allá, por no mencionar a los autores europeos que, a pesar de no mudarse a EEUU, cosechan allí un gran éxito de crítica y público.

Al igual que Otto Preminger, cuando Billy Wilder llega a Hollywood, lo primero que comienza a realizar es cine negro y/o de suspense. Pensemos, por ejemplo, en El mayor y la menor, o en Perdición, realizadas antes de 1945. Aunque luego Wilder se volcaría más en realización de grandes comedias –El Apartamento, Con faldas y a lo loco- y algunos melodramas –El crepúsculo de los dioses-, algunos de los temas clásicos del cine de este autor ya se apuntan en estas primeras películas. La dificultad de ser, la obscenidad como consecuencia del realismo, el malentendido que crea el pudor, el individualismo y, sobre todo, la moralidad patente en buena parte de su obra.

No podemos olvidar que Wilder es uno de esos raros –para la época- directores que, además de realizar sus películas, las escribe. Es éste un privilegio que no se daba muy a menudo a los realizadores, y que Wilder se ganó a pulso con el enorme éxito de crítica y público, sobre todo de sus comedias; es algo, también, que ya había conseguido Lubitsch para sí algunos años antes.

Tras esta primera etapa de cine negro de Wilder, comienza la edad dorada de su comedia. Una comedia que, para qué engañarnos, era difícil, en aquel momento, de encuadrar dentro del paradigma del cine clásico. La comedia de Wilder es menos absurda que la de Hawks, menos humana –o humanista- que la de Capra, y menos refinada que la de George Cukor. A pesar de ello, Wilder triunfa enormemente. Siempre he pensado, personalmente, que en cierto modo las películas de este director pueden verse –y disfrutarse- como de una buena película de animación para niños. Puede uno verla y disfrutarla, igual pero de forma diferente, según la edad y el estado anímico, porque la construcción y profundidad de sus guiones es tan perfecta que, según la circunstancia, uno se fija más en ciertas partes, o en ciertos modos, y disfruta más de ellos que del resto. Es una especie de construcción de guión a diferentes niveles, y se puede disfrutar igual en cualquiera de ellos. O en varios.

Como decía, desde el final de la II Guerra Mundial hasta, aproximadamente, mediados de los 60, Wilder realizará algunas de las películas más exitosas de su carrera: comedias, películas de enredos, e incluso melodramas tremendamente pesimistas. Recordemos algunos títulos: El crepúsculo de los dioses, La tentación vive arriba, Con faldas y a lo loco, o Irma la dulce. Aquí también comenzará el realizador el idilio no sólo con el público sino también con ciertos actores, que le acompañarán a lo largo de su carrera, como es el caso de Jack Lemmon. No cabe duda de que parte del éxito de algunas películas de Wilder no se basa sólo en la construcción de guión sino también en los actores. A veces por sus actuaciones –el dúo Tony Curtis-Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco- y a veces simplemente por figurar –caso de Marilyn Monroe, incapaz, según el propio director, de memorizar una línea de diálogo-. Continuará Wilder trabajando con actores de renombre durante el resto de su carrera. Algunos nombres: Humphrey Bogart y Audrey Hepburn en Sabrina, por ejemplo. O Gary Cooper y la propia Hepburn en Ariane.

Sin embargo, tras el fracaso de su película En bandeja de plata, el cine de Wilder se vuelve más oscuro y sombrío. De hecho, algunas de sus últimas películas jamás se proyectarían completas, como La vida privada de Sherlock Holmes.

(continuará en la segunda parte)

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2 thoughts on “El autor en el cine de los estudios (I): Billy Wilder

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. La vida privada de Sherlock Holmes es un pedazo de película muy bien hecha, con un tratamiento inteligente del genial detective e infravalorada por la crítica, a mi juicio.

    Interesante artículo.

    ;)

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