apuntes

La elegía y los poetas malditos

En los últimos meses de esta vida mía de deprimido converso he tenido tiempo de poder reflexionar acerca de algunas de las cuestiones superficiales sobre la felicidad y la vida. Mi visión, sincera aunque tal vez voluble, sobre este asunto, quizá pudiera explicarse mejor acudiendo a uno de los géneros capitales de la poesía: el elegíaco.

La elegía ha sido siempre la manera de quejarse en la poesía. Aunque en tiempos de los poetas griegos también se usaba para hablar de asuntos placenteros, la visión tradicional de la elegía consiste en ser una enorme coda de la expresión “ubi sunt“, que se pregunta día sí día también dónde quedaron todas aquellas cosas que merecían la pena y que eran queridas. Elegía por un ser querido, por un personaje público, por un trozo de tierra, o por el perro de mi vecina, que venía en ocasiones a visitarme y me dejaba la casa llena de pelo.

Podríamos considerar, por lo tanto, a la elegía como un género “triste“, por decirlo de manera bastante vulgar. Sin embargo, desde la generación de los 50 en adelante, en la poesía española han venido apareciendo autores  que han querido, de alguna manera, darle la vuelta al género. Por decirlo en palabras de uno de sus mayores artífices, Carmelo Guillén Acosta, la elegía deja de ser una forma de cantar lo que se ha perdido para convertirse en una forma de “cantar lo que se gana“. Y ésta debería ser no solamente la finalidad de la elegía, sino de toda la poesía. O al menos, de la buena. Otros autores que han seguido este movimiento, que quizá iniciara Claudio Rodríguez con su verso “miserable el momento si no es canto“, han sido Eloy Sánchez Rosillo, José Julio Cabanillas, y muchos del grupo Númenor.

Y después de la breve nota poética, a la reflexión útil. En mi experiencia personal, quizá pudiera hacer una analogía entre mi adolescencia, y el paso a esta primera juventud que malvivo, y el desarrollo de la elegía desde la tristeza hacia la celebración. No me costaría mucho definir mi adolescencia como la vivencia de una elegía, aunque, eso sí, sería una elegía con trampa: durante esos años lloré -metafóricamente la mayoría del tiempo- la pérdida de cosas que en realidad nunca había tenido, con lo cual fue más una especie de expresión de un ansia que suponía que jamás se vería satisfecha. Me sentí entonces iluminado y superior -gilipollas de mí- por tener una súbita revelación y darme cuenta del gran montón de mierda que era el mundo en el que vivía.

Pero la vida sigue su curso, por más embarrado que creas que está el camino. Y tal vez cueste dejar de fijarse en el barro para conseguir ver el camino -imagínense la de siglos que le ha costado a la poesía-, pero es necesario y en ocasiones inevitable. Tal y como la elegía quiso dejar de regodearse en el montón de mierda para empezar a valorar y a disfrutar lo poquito de bueno que se encontrara, me ocurrió a mí algo parecido casi sin darme cuenta. Con una especie de sonrisa sardónica, empieza uno a considerar la vida como una suerte de gymkana en la que hay que esquivar lo mejor posible los montones de mierda si quieres llegar a alguna parte.

Así pues, considero de valor intelectual el haber aprendido esto casi sin darme cuenta. Y por eso me cansa tanto la pose del poeta maldito, amigo sólo de la botella y la pastilla, que afirma y reafirma el apocalipsis de todo y la extraña revelación que sufre porque ha podido darse cuenta de lo malo que es todo y el terrible estado en el que esto o aquello se encuentra. Tal vez no merezcan más que otra sonrisita sardónica, una palmadita en la espalda y un “anda, hijo, ya te enterarás”. Mientras tanto, sirva de alimento la elegía.

Estándar

3 thoughts on “La elegía y los poetas malditos

  1. pues sí… quejarse es muy fácil, y al poeta se le ha colgado la etiqueta de melancólico y maldito a veces… prefiero la alegría… acabo de leer “Manalive” de Chesterton al respecto. La alegria de vivir. Él estuvo a punto de ser un maldito, o lo fue, pero se convirtió al cristianismo …y ya no hubo más maldición aunque si dolor.

    un saludo

  2. Pingback: Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s