apuntes

Las cosas de la poesía

La razón por la que escribo tardíamente mi columna de esta semana es un fin de semana movido, entre rodaje de cortometraje -qué mal suena esto- y una escapada turístico-poética a Roquetas de Mar (Almería) a hacer aquella cosa de recitar poemas. He aprovechado también para hacer un reportaje roadmovie-style para una cosa que tal vez vean por aquí y tal vez no, pero bueno; nótese que hablo solo (máomeno) ya que hacerse un chorro de kilómetros (700 y algo aproximadamente) en dos días da para pensar cosas y hablar con uno mismo (y con la buena compañía). Mi artículo de esta semana, más que un artículo, va a ser una reflexión anotada mentalmente que dejo aquí para revisarla y ampliarla tal vez en otro momento. A lo que iba.

Como quedaban 10 o 15 minutos al final del recital, han subido unas cuantas personas -bueno, más que personas, adolescentes- a leer poemas suyos y así yo aprovechaba para descansar y mirar a las niñas de 16 años que digan lo que digan hay algunas a las que es imposible no mirar. Pero bueno, me distraigo. El caso es que hubo dos cosas que me parecieron curiosas. Hay cosas que se repiten mucho y son muy claras en los poemas, o intentos de, escritos por adolescentes. Las dos primeras, y menos importantes, son de carácter de estilo: la mayoría se suelen decidir por usar rima y versos cortos; tengo la intuición de que esto tiene algo que ver con la concepción básica de la cosa poética como una cosa popular y destinada a la canción y el recitado público, etc., pero no me voy a meter por ahí.

Lo que me interesó de verdad, que jamás antes había visto, seguramente porque nunca voy a un recital en el que lean del tirón como 20 adolescentes poemas suyos unos detrás de otros, tiene más que ver con la temática. Muchos de esos poemas -sobre todo los de las chicas- volvían instistentemente al tema de la monotonía, la inexplicable inercia -esto lo añado yo- y la falta de sentido -esto ellas- de sus vidas, y tanto ellas como ellos se inclinaban por una especie de huida hacia la épica de cosas como las novelas de caballerías, las de piratas, etc. Lo que me resultó más curioso, en todo caso, es que en el 90% de poemas leídos por chicos incluían la figura de la mujer de una u otra manera (salvando casos como uno genial de un tipo que le había escrito un poema a Chuck Norris, episodio que no mencionaré aquí). El caballero andante necesitaba la lanza para salvar a la doncella, el filibustero pretendía desnudar a la chica más guapa a este lado del Atlántico a golpe de loro disecado, etc: ustedes ya me entienden. Sin embargo, en ningún poema de ninguna mujer existía el fenómeno contrario: es como si ellas simplemente elevaran un grito desesperado de auxilio esperando a que el caballero las rescatase. Claro que el caballero eleva un grito de “iría a rescatarte” donde la palabra más importante es “iría”.

Al final se bajaron todos del escenario y a los 3 minutos estaban mandándose todos a comerse los coños y las pollas, en fin, estas cosas que tiene la poesía.

Estándar

One thought on “Las cosas de la poesía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s