prosita

Ángela (I)

(Éste es el prólogo o primer episodio de un relato largo que estoy escribiendo durante estos días. Los sucesivos irán publicándose, con periodicidad providencial, en este mismo blog)

Querido Pablo:

Recuerdo aún con cariño el interés que mostraste en el caso aquél de la niña desaparecida. Supongo que se mantiene en tu memoria igual que en la mía, ya que fuiste mi compañero de conversación y soliloquio mientras traté de dilucidar acerca de qué iba todo aquello. Supongo que tu interés fuera más allá de lo policial o lo meramente humano, y es comprensible; tu alma de escritor a menudo se alimenta de cosas que me cuesta comprender. En mi caso, siempre hubo algo en todo aquello algo que me hizo pensar en lo razonable del asunto, aunque para nosotros no tenía ni pies ni cabeza.

De todas formas, más allá de la especulación intelectual –terreno en el que te supongo más ducho a ti-, te escribo esta carta para informarte de que el caso ha sido finalmente archivado. El delito prescribió, y parece realmente improbable que vuelva a abrirse el caso por la falta de pruebas. Animado por tu interés pasado y convencido de que tal vez te sean más útiles a ti de lo que lo son para mí, adjunto a este escrito algunos extractos de cartas y de diarios del hombre al que buscábamos, Antonio Escobar. Con un poco de suerte, tal vez tú encuentres en ellos algo que nosotros hayamos pasado por alto. En cierto modo, también me alegro de desprenderme de ellos ahora: demasiadas noches en vela he pasado a causa de estos escritos, con una inquieta Patricia a mi lado tratando de que durmiera un poco. Durante demasiado tiempo he tenido, releyendo estos escritos, la sensación de encontrarme ante un puzzle incompleto en una mano y la pieza que falta en la otra; y también la sensación de no saber cómo ni dónde colocar esa pieza.

En todo caso, tú no eres investigador en el sentido policial de la palabra, así que tal vez encontrarás cierto placer en explorar los recovecos humanos de Escobar, al que sin duda he llegado a reconocer en ocasiones como un personaje de algunas de tus novelas. Recuerda, eso sí, que oficialmente no tengo potestad para enviarte esta documentación; confío en tu discreción al respecto, ya que nunca he tenido motivo para hacer lo contrario. Disfruta de la lectura.

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