apuntes, cine

Peces de colores

Durante un tiempo fui bastante aficionado a las novelas gráficas. Me gustaba de ellas lo unitario, el poder leerlas, disfrutarlas, y terminarlas sin pensar en cuándo tendría que ir a comprar la siguiente. Además, algunas de ellas tenían buenas historias, y por entonces yo lo que quería encontrarme (y aún lo hago, aunque menos, en la literatura) eran historias. Esto fue antes del gran boom de las adaptaciones de tebeos, uno de los síntomas más claros del cáncer de creatividad que sufre el cine desde finales de los 90 y principios de siglo. Por entonces yo de cine controlaba menos aún que ahora. Pero yo era de los que, leyendo una novela gráfica, se paraba en cada cuadro, en cada imagen, y la animaba a mi gusto. Cientos de veces me pregunté: ¿qué hacen los directores de cine que no se dedican a adaptar esto? ¡Si tienen dictado hasta el storyboard!

No pasó mucho tiempo antes de que me respondieran los directores, claro. De mis cuatro novelas gráficas favoritas, tres son ya películas: V for Vendetta, Watchmen y A History of Violence. La última es mi secreta esperanza. La quiero para mí. Si algún día consigo sobreponerme a la enorme carga mental que es preproducir una película y me llueven unos cuantos millones de euros para poder hacerla, juro que hago lo que sea para quedármela. Y si no la ruedo, al menos la produciré. Es una historia de amor y de dolor. Es el cine negro en estado puro: cantantes, cabareteras, perdedores, putas convertidas en nuevas ricas, drogas, juegos y la esperanza que nunca se pierde del todo.

El potencial del cine negro nunca fue explotado del todo. Hollywood pareció rendirse cuando vio Sed de mal de Orson Welles, y desde entonces no se ha atrevido a hacer gran cine negro, como habían hecho algunos de los directores europeos que aterrizaron en América ante la amenaza nazi. Léanse Billy Wilder (sí, hizo cine negro), Otto Preminger (ah, Laura), y otros. El cine negro pareció disolverse cuando desaparecieron los gángsters y se olvidó la Ley Seca y el pillaje y la picaresca posteriores a la depresión provocada por el 29. Luego nadie se ha atrevido a hacer películas como exige el cine negro: oscuras, con mucho humo, mucho alcohol, mucha desesperanza, y mucha paciencia. En su lugar acaban metiendo un par de ensaladas de tiros por medio, y la persecución que no falte. Y crearon el thriller.

Pero ahí, en mi estantería, con los lomos pegados ya resquebrajados de haberla leído una y otra vez, ahí está. Mi historia, mi película, lo que yo querría ver por fin en un cine. Compruebo al menos una vez al mes en IMDB que nadie ha comprado los derechos. Y la releo. La tengo entera en mi cabeza. Son peces de colores.

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2 thoughts on “Peces de colores

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