apuntes, cine

Falta de atención, cine y series

Hace unos días se comentaban los resultados de un estudio de la BBC que afirmaba que el uso excesivo de internet podría provocar una reducción de la capacidad de atención hasta los 9 segundos. El dato tal vez sea cierto o no, pero lo que está claro es que, si ya era más que evidente que la capacidad de atención del ser humano es muy limitada (digamos una hora o así como media, aunque a partir de los 45 minutos la atención decrece), internet es un medio que fomenta la poca capacidad de atención.

Esto es sobre todo debido al fenómeno conocido como infoxicación, que básicamente consiste en que es imposible digerir todo lo que internet “nos echa encima”. Así que nos encontramos al día con 200 posts nuevos para leer en el Google Reader, mil mensajitos en el twitter, seis privados y comentarios en el tuenti, el messenger dando por el culo constantemente, etc. Así que básicamente lo que hacemos es mirar todo por encima, localizar rápidamente aquello que nos parezca importante -pudiendo dejarnos cosas atrás, obviamente-, y solventarlo lo más rápido posible para pasar a la siguiente cosa. Porque el tiempo apremia.

Así pues, recibimos al día más información de la que podemos procesar. No sólo mediante internet, sino también en prensa, televisión, etc. Y para colmo, tenemos menos tiempo que nunca -o eso nos parece-. Nos parece, pues, que ir al cine a ver una película, estar por allí media horita antes para comprar la entrada y dar una vuelta o comprar palomitas y refrescos, etc., es, básicamente, “perder la tarde”. Para colmo, Hollywood parece estar desarrollando un gusto por películas larguísimas e infumables, con veintisete subtramas diferentes, de las cuales dos se resuelven, otras dos medio se desarrollan, y las otras veintitrés sobran completamente. Casi todas las películas de estreno que vayamos a ver durarán, al menos, dos horas. ¿Y tó pa qué? Si tenemos en cuenta que cada vez es más difícil mantener la atención del espectador durante períodos largos de tiempo, realmente me parece una maniobra un tanto extraña poner películas de tres horas constantemente en cartelera. Hay obras maestras de hora y poco de duración (y sí, también de tres horas). El único motivo por el que se me ocurre que se hagan este tipo de cosas es por hacerle pensar al espectador que ha “amortizado” en tiempo el precio de su entrada, pero me resulta tan estúpido que prefiero no contemplar esa opción.

Volviendo al tema de las películas largas e infumables (y malas). Es normal que la gente pase de ir al cine. A muchos les parecerá que es “perder la tarde”, pero si encima a los que van le ofreces un bodrio de dos horas y media que en ningún momento consigue engancharle, el espectador se pasará más de la mitad de la película pensando en todo lo que tiene que hacer cuando llegue a casa, o simplemente se irá. O se bajará la película de internet o Dios sabe qué.

¿Y dónde entran aquí las series? Las series tienen el formato perfecto: duración de unos 45 minutos, ritmo ágil en la mayoría de los casos, guiones “comprimidos” por la falta de tiempo que no dan respiro al espectador y en los que casi nada es superficial. Y casi cualquier espectador de series decentes sabe que hay episodios que en 50 minutos condensan la misma cantidad de guión que muchas películas en hora y tres cuartos. Así que es fácil: consigues la serie por internet, la bajas, la ves y a otra cosa. ¡Hasta la semana que viene no hay otro episodio! Además, últimamente se nota en Hollywood un intento desesperado de llamar la atención al espectador constantemente: mucho ruido en las películas, escenas de sexo cada veinticinco minutos, explosiones (Michael Bay wins), etc. No se trata ya de que la trama o los personajes enganchen con el receptor: simplemente se trata de sorprender al espectador de vez en cuando para que no se duerma del todo.

Y en las series esto no es así. Curiosamente, siendo internet el medio de difusión de las series más extendido por todos los no-estadounidenses, encontramos, ya desde los inicios de lo que mal conocemos como web 2.0, el valor en alza en internet ha sido la “personalidad”. En la primera etapa de internet, la estrella fue el anonimato. Luego hemos aprendido que el anonimato completo y total es muy difícil de conseguir, así que hemos preferido poner nuestros datos, fotos, dirección y demás en todas partes: en google maps, en flickr, en nuestros emails, en el messenger, en el facebook, en el tuenti… No por nada los empleados de RRHH de las empresas se dedican a investigar tu participación en redes sociales antes de contratarte. Y lo mismo que demandamos en las redes sociales, lo demandamos en el cine. En este caso, en las series, que parecen ser las únicas que nos lo ofrecen. Ni siquiera necesitamos unas series con guión desarrollado a lo largo de temporadas: los capítulos autoconclusivos son perfectamente capaces de ofrecernos lo mismo. Personajes carismáticos, complejos, redondos, que ni siquiera necesitan una evolución constante. Simplemente están bien como están. Pensemos en Gregory House, o en Brennan de Bones. Son modelos de personaje que atraen al espectador, un aliciente para volver a la serie la semana que viene. Los guiones son buenos, cuidados, dan al espectador lo que pide y le dejan con ganas de más. En definitiva, nos da casi todo lo que el cine no está siendo capaz de darnos en los últimos años (quitando honrosos y excepcionales casos). Y sin hacernos perder la tarde.

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4 thoughts on “Falta de atención, cine y series

  1. Lo que sucede para que se hagan películas así de extensas es lo que ya dices tu, la necesidad de que el espectador sienta que no perdió el tiempo ni el dinero viendo la película. También puede tener un cierto grado de auto-complacencia de egos desmesurados de hacer el “mas grande todavía”.

    Actualmente las series aportan una calidad mucho mayor con unos presupuestos y nombres de peso detrás mucho menor, es normal que la gente se gire cada vez mas hacia la pequeña pantalla.

  2. Yo creo que ya no sólo es el tiempo aquello que el productor de cine piensa que ha de amortizar el espectador, sino también el precio de la entrada, nada despreciable por cierto.

  3. Pienso en los “false friends” al leer ahí “Subscribe to comments”. Porque suscribo todo lo que dices (sin que sirva de precedente). Hoy, viendo Boston Legal he exclamado ¡pero qué serie más buena! como hago con las pelis mejores (Regreso al futuro, El Padrino, Arsénico por compasión, Annie Hall, Indiana Jones, Le grand ilusion… Sí, ecléctico, sí). Y es que en Boston Legal se sacia el placer específico de las series de abogados y juicios, con los alegatos finales de Alan Shore -verdaderas mini joyas de guión-, a lo que se suman subtramas sexuales, amistosas, y a veces surrealistas, siempre con una parodia simpática, con una crítica inteligente a los tópicos de la televisión y sociedad usamericana.
    Me gusta más que lo que llaman en AXN “la nueva comedia americana”: esa subnormal gesticulante de Sarah Silverman -que me cayó bien al principio-: para epatar aún más, en un capítulo, se “folla a Dios”, que además es negro como en la de Jim Carrie. Y bromas con los niños enfermos de cáncer, el aborto, los gays, siempre con mal gusto buscado y extremado. También ocurre con Colgados en Filadelfia, que produce y co-protagoniza Danny DeVito, en la que están todo el capítulo medio drogados. Sólo salvo, de esa oleada, Rockefeller Plaza, que hace un esperpento sobre el mundo de la televisión, muy interesante a veces, pero tirando también a esa cosa rayante de moda.
    También sigo otras más clásicas, como ER (Urgencias), Anatomía de Grey (con demasiada cursilería y pseudo-moralejas finales, pero entretenida; aunque ya se han acostado todos con todos ¿qué harán ahora? ¿zoofilia?), y Sexo en Nueva York, que quedaría muy bien sin la voz en off y los horribles artículos de la cara-zapato (Peter Griffith dixit).

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