música

The Ringleader Man

Mucho se ha hablado desde los 60 de la industria cultural, de la cultura, del arte y de la industria. De la predominancia de uno o de otro. Pero por encima de las teorías, de las aproximaciones teóricas, de los conceptos ilegibles y las tesis doctorales, están los productos. Que es lo que cuenta. Y hoy vamos a hablar de uno de esos productos, que además sirve perfectamente para hablar de la industria cultural: Thr33 Ringz, el úlitmo disco de T-Pain.

¿Y por qué sirve este disco para hablar de todo eso? Porque es completamente un producto industrial. Es música creada por y para la industria, y para el público medio, pero que a la vez mantiene conceptos autoriales y destellos de pura creación. Y de eso se trata. ¿No?

Por poneros en antecedentes, T-Pain es en USA lo que Bisbal fue en España cuando sacó el Ave María, o Las Ketchup sacaron el Aserejé. Vale, sí, suena mucho mejor T-Pain, pero para la analogía vale. El mérito de T-Pain es que está petando Billboards casi desde que empezó. Es un tío que ha sabido comprender muy bien el gusto y las necesidades de su entorno, y les da lo que se les pide. Con un añadido: es el pavo que ha vuelto a introducir el concepto musical de melodía en la street urban music, como dicen en USA. Que se había perdido. Miren si no el A-Milli de Lil’Wayne, que ha sido un éxito cojonudo por allá durante buena parte del año. Musicalmente es casi nada, y sin embargo ha petado clubs allá por donde ha ido. Comparen con cualquier tema de T-Pain. Valga por ejemplo Bartender, de su anterior disco.

Como toda su discografía desde Rappa ternt Sanga en 2005, la música de T-Pain puede ser calificada de muchas formas, pero desde luego es eso, música. Cosa que no se puede decir de buena parte de la Billboard actual. Si T-Pain compone la instrumental de algo, es hit. Si enchufa y calibra su Autotune y canta, es hit. Pero ahora, a noviembre de 2008 (el disco salió oficialmente el día 11 de este mes), cuando T-Pain es casi tan popular como Oprah, muchas cosas han cambiado.

La mitad de los músicos de rap y r&b de la escena actual americana están copiando a T-Pain. Todo el mundo ha comprado el Autotune. Hay engendros realmente espantosos de raperos cantando con Autotune. Y eso se sabe, y es lógico que a él le moleste. Pero a la vez sabe que es consciente de que él está liderando el juego en este momento. Está siendo mirado con lupa, y estadísticamente, en los canales mainstream de USA, es prácticamente imposible escuchar 20 minutos de radio sin escucharle a él, ya sea solo o en alguna de sus múltiples colaboraciones.

Por eso T-Pain en este disco habla de sí mismo, de la industria, del juego al que está jugando él y que estamos contemplando todos los aficionados. Por eso la primera canción del disco se llama The ringleader man. La industria musical mainstream de USA es un circo, y en ella él hace las veces de director de orquesta. Él mismo lo dice en la letra del tema: I can flip this whole game with one hand. Todo el tema del circo lo ha llevado él mismo estéticamente durante este año. Por eso apareció montado sobre un elefante en los premios MTV. Por eso lleva ese sombrero y ese bastón.

Y por eso, todo el disco circula alrededor de la figura de Pain, todo un circo de artistas invitados, de sonidos y de temas que giran alrededor de él. Temas alegres y de fiesta, con el toño coñero que le caracteriza, como Chopped ‘n’ Skrewed o It Ain’t me, auténticas delicias, con melodías acojonantes, sintetizadores tight y bajos gordísimos. Listo para inundar clubs. Rodeado de grandes de la música urbana del momento, como Chris Brown, el omnipresente Kanye West, el eterno Akon o el insoportable DJ Khaled, podemos cerrar los ojos, subir el volumen y dejarnos llevar por el circo musical -en el buen sentido- que es Thr33 Ringz.

Pero Teddy Penderass también está cabreado. Porque toda la industria está siguiéndole los pasos, y haciendo mal hoy lo que él hacía bien en 2003. Y por eso escribe temas como el durísimo Karaoke, en el que se junta con DJ Khaled para cagarse en los muertos más frescos de la mitad de los rappers de ahí fuera. Todos ésos que se han bajado el Autotune del eMule, han visto un tutorial en Youtube y pretenden ser él. En Karaoke, T-Pain rapea, soltando algunas frases muy decentes, y lanzando toñas gordas a más de uno: I got 24 years and 24 cars. My daugther told me to tell you to get off of daddy’s dick.

Y también para los que se reían de él y no le tomaban en serio por usar Autotune, diciendo que no sabía cantar y mil mierdas más que se han leído por Internet en estos años, T-Pain coge y hace un tema como Keep Going, una balada enorme, en la que canta a pelo, y que seguro ha callado muchísimas bocas allá al otro lado del Atlántico.

En definitiva, Thr33 Ringz es la consagración definitiva de T-Pain como un artista maduro, que está dentro de la industria, sabe como funciona, la controla y juega a sus juegos, pero hay cosas por las que no está dispuesta a pasar, y lo demuestra. En general es un disco fresco, divertido y que suena genial, pero después de varias escuchas uno empezará a encontrar en él mucho más de lo que se ve a simple vista. De momento, consigan el disco, ecualicen bien sus equipos y entren en el show de Pain, y contemplen al Ringleader man hacer lo que mejor sabe: hacer que disfrutemos.

Valoración: disco del año.

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