humor

Dramas posmodernos I: las placas solares

Hola, soy Troy McClure. Tal vez me recuerden de otros documentales gráficos como “El pelo en pecho: ¿cagan los machos hacia adentro?” o “Bibliofilia: la gente la mete donde menos te lo esperas”. En esta primera (y probablemente única, ya que realizaremos estudios de audiencia) edición de Dramas Posmodernos, a la que íbamos a subtitular “¿pero a quién coño se le ocurrió esto?”, pero al final iba a quedar el título más largo que el programa y que cierto madrigal de Les Luthiers, hablaremos de la placa solar y sus múltiples aplicaciones para el hogar.

La placa solar es uno de esos inventos que a primera vista parecen cool: ¡coño, un montón de chips&chapas que reflejan más luz que las gafas de Morfeo y encima me calientan el agua de la ducha! ¿Quién podría querer más? Así que, ni corto ni perezoso, se gasta uno sus eurazos en uno de ésos aparatos, y sus otros eurazos en que alguien venga a montarte el armatoste en tu azotea. Lo habría hecho yo mismo, lo prometo, pero me perdí aquel capítulo de Bricomanía. 

Así que ahí tienes tu flamante placa solar compuesta por unos cuantos paneles negros, un tubo grande donde va el agua, y una pantallita debajo donde indica la temperatura del agua. Ahí es donde uno pone su primera sorisa sardónica, mientras mira el tejado vacío y desolado del vecino y piensa: ¡sí, joder, soy la polla, agua caliente gratis!

Primer error. La placa calienta el agua de la ducha. Teóricamente. En este nivel de realidad al que algunos conocen como Matrix, y por decirlo en sevillano, el agua está caliente cuando le sale de la polla. Bueno, no: suele estar caliente en verano, y fría en invierno. “Pero eso es lo mismo que si no tuviera nada, ¿no?”. No. Es mucho peor. Por tu mente pasa cada uno de los putos miles de euros que te ha costado el puto aparato de los cojones. Cada puto euro. Cuando te levantas por la mañana es como si de nuevo volvieras a la edad de piedra. Miras el cielo y piensas: ¿saldrá el Sol hoy? ¿Con la suficiente fuerza como para poder ducharme como las personas? Porque para calentar el agua que necesito para afeitarme, desde octubre a mayo necesitaría placas por tamaño de medio desierto de Arizona. Y tu azotea no es el desierto de Arizona.

Eso sí, la placa solar tiene una utilidad innegable: es mejor que cualquier catecismo o libro de praxis cristiana para fomentar la adquisición de ciertas virtudes. La primera, fácil, venga, lo suponéis. Sí. La puta paciencia. Lo malo es que tiene un límite. Joder que si lo tiene. En todo caso, después de dos años con placa solar, estoy seguro de que cualquier persona es mucho más paciente y sabia, y está mucho más preparada para los variados métodos de tortura vietnamita. También es genial para personas desordenadas y tendentes a procrastinar, o sea, a dejarlo todo pa luego. Si quieres tentar a la suerte e intentar ducharte con agua caliente, asegúrate de que entras a la ducha entre la una y las cinco de la tarde. Antes o después, prepárate a sentirte como si acabaras de entrar en cualquier prueba del Grand Prix (sin Ramón García, gracias al cielo, eso sí). Ah, caso diferente es si tienes la costumbre de ducharte por la mañana temprano, para despejarte e ir fresco al curro/lugar de estudio/parque. Pero ya hablé antes de la paciencia.

En todo caso, si la tuya no es suficiente como para soportar todo este cúmulo de buenas acciones, siempre puedes pensar en lo mucho que estás ayudando al medio ambiente usando placa solar en lugar de combustible para calentar el agua. Claro que luego puedes mirar durante horas y días y meses y años el humo que sale de las fábricas que están a cinco minutos de tu casa, y cagarte en los muertos del cambio climático, de la cooperación ecológica, y hasta del reciclado de basura, que pasaba por allí. 

Eso sí, mirémoslo por el lado bueno. Si definitivamente lo de ducharte irremediablemente con agua fría durante la mitad del año (y eso viviendo en Sevilla, no voy a hablar de los que son de Córdoba para arriba porque aquí sólo habrían párrafos y párrafos de insultos y listas de familiares y amigos de las placas solares al más puro estilo ETA) no es lo tuyo, quizá acabes siendo un gran filósofo. Mira a Diógenes. Le pusieron su placa solar, y tras un par de años con ella, dijo: ¡se acabó!, y se largó a su barril donde nadie más le dijo nunca ni pío. Y además, me he aprendido la discografía entera de Alejandro Sanz, a base de pasarme las noches en la terraza, al fresco y con un mechero pacá y pallá dándole calor al tubo que almacena el agua, para ver si al día siguiente hay suerte.

Señores, viva el butano.

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2 thoughts on “Dramas posmodernos I: las placas solares

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