prosita

Tanqueray por Hendricks

Era el bar nuevo del barrio. No solía haber mucha gente y cerraba razonablemente tarde. Ella era la camarera. Yo llevaba las ganas de emborracharme y tú las de enseñarme tu escote. Yo debía ser el único cliente del bar que nunca te miraba. Tú, quiero decir, ella. Una noche me cambiaste el Tanqueray por Hendricks. Te pregunté por qué carajo habías hecho eso. Me dijiste “a mí me gusta más”. Te miraba de reojo a veces, mientras apoyaba la cabeza en la barra a última hora, cuando ya casi quedábamos solamente tú y yo. Tú me llamabas maricón con la mirada y seguías cambiándome el Tanqueray por Hendricks cuando te daba la gana. Una noche me pediste que te acompañara. Que te llevara, que habías bebido demasiado para conducir. Yo había bebido más. Te llevé a tu casa. Fue la primera noche que pasé en tu casa, y la última que pasé en aquel bar.

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