Siguen sin pagarme…

Incluso parecía un buen tipo.

Usar Pandora fuera de EEUU

Para los melómanos internetiles, hay servicios que, en calidad y cantidad de música, están bastante por encima de cosas como la radio de Last.fm (ya difunta) o el propio Spotify. Estoy hablando del Music Genome Project, la base del servicio Pandora. Este proyecto nace con una intención básica: conseguir ofrecerte nueva música que te guste. Para ello, analizan las cualidades musicales de las canciones, una por una, y las catalogan. Luego tú creas una nueva estación a partir de un artista, un disco, o una canción, Pandora identificará las cualidades de lo que elijas y te pondrá más canciones que compartan algunas -o todas- de esas cualidades. Además, puedes ir refinando los resultados mientras escuchas, diciéndole al programa si la canción te gusta o no. El programa verá qué es lo discordante entre lo que te gusta y lo que no y eliminará canciones que no te van a gustar -en principio, claro-.

La idea es magnífica. La ejecución, también. Incluso el catálogo musical es bastante abrumador a menos que busquemos cosas demasiado cerradas y definidas. Que nadie espere que haya cientos de miles de temas parecidos al último remix de Mstrkrft. A lo que vamos. El problema de Pandora es que está restringido a oyentes de los Estados Unidos -gracias por no gestionar estos asuntos en tres o cuatro años, SGAE-. Antes era un poco más complejo saltarse esta restricción, que se basa en conseguir tener una IP estadounidense cuando entras en Pandora para que el programa no se entere de dónde eres. Antes esto requería usar un proxy -la mayoría bastante lentos-, buscar listas de IPs actualizadas del país en cuestión, configurar a mano el navegador, etc. Por suerte, a día de hoy existe un programita maravilloso llamado HotSpot Shield, que hará todo esto por nosotros. Lo instalamos y, cuando lo ejecutemos, nos abrirá una pestañita en nuestro navegador en la que nos informará del proceso de asignación de IP estadounidense. Cuando nos diga que estamos conectados y nos abra una web que lleva por título Use RSS to search the web -WTF- ya podemos entrar sin miedo en la web de Pandora y comenzar a usar el servicio. Podemos incluso crear una cuenta personal para que guarde nuestras preferencias y las estaciones que creamos.

Actualmente el servicio gratuito de Pandora sólo permite 40 horas de escucha mensual. Parece poco, y seguramente lo sea, pero menos da una piedra, y bien aprovechadas dan para conocer a muchos artistas nuevos. Que ustedes lo disfruten.

Pandora

PD: recordad mantener activo el HotSpot Shield exclusivamente mientras estéis usando Pandora. Al ser un proxy, ralentiza la navegación y coloca un molesto banner encima de cada página que visitamos -que se puede cerrar, eso sí-.

Archivado bajo:apuntes

Ver el mundo tal cual es, y amarlo

Nunca diremos de un hombre que por ser harto grande el mundo no le basta. La inquietud de espíritu no es signo de grandeza. Toda falta de armonía entre el ser y las cosas, entre la vida y sus leyes, aun en los grandes hombres, no es producto de su grandeza, sino de su debilidad. ¿Por qué intentar esconderla? ¿Es el más débil menos digno de amor? Lo es más, porque más lo necesita. No seré quien levante estatuas a héroes inaccesibles. Aborrezco el idealismo cobarde que aparta los ojos de las miserias de la vida y las flaquezas del espíritu. Hay que decírselo a un pueblo harto sensible a las engañosas ilusiones de las palabras sonoras: En el mundo hay sólo un heroísmo: ver el mundo tal cual es; y amarlo.

(Romain Rolland, Miguel Ángel, trad. L. Cernuda y R. Calleja, 1956)

Archivado bajo:citas

Una historia cualquiera

Disponíase el en otro tiempo celebrado escritor, tildado por algún entusiasta crítico como la esperanza en la poesía joven española, a dormir un rato. Eran las cinco y poco de la mañana, y el despertador del móvil marcaba impasible las nueve de la mañana como hora límite para el descanso. O el intento de. En todo caso, a nuestro escritorzuelo no le entusiasmaba mucho la idea de dormir más de lo necesario: de día hay demasiado ruido, demasiadas llamadas, demasiado emails; es de noche cuando uno aprovecha realmente el tiempo.

Tras un rato de lectura de Las crónicas del Sochantre de Álvaro Cunqueiro, el hombre estaba medio sopa; como para no. Anotó mentalmente la página 150 para el día siguiente y dejó el libro debajo de la almohada; la distancia entre la cama y la mesilla de noche se le hacía ahora insalvable. En éstas estaba, decidido a dormir, cuando empezó a pensar en el tiempo que llevaba sin escribir. No sabía cuánto era, pero era mucho, y desde luego más de lo deseable. Por esta misma razón, hacía tiempo, había dejado de fechar los poemas que escribía; así no sentía la tentación de ir a mirar la fecha del último para luego echarse las manos a la cabeza. El escritor, como seguía llamándose a sí mismo a pesar de que la duda le corroía diariamente, notaba su cabeza embotada. Como si hubiera estado demasiado tiempo bajo la presión de la nadería más absoluta, cosa que achacaba al exceso de privación intelectual, entiéndase leer libros y ver películas. Trató de recordar la última novela que había terminado de leer, hacía sólo un par de días: pudo recordar fácilmente el nombre del autor, Joseph Roth, pero durante un par de minutos no pudo recordar nada más. Nada. Ni título, ni trama, ni qué cosas le habían gustado o cuáles encontraba valiosas.

Sintió miedo. Miedo de que el daño hecho a su cerebro por la inactividad y el exceso de periódicos y redes sociales fuera irreversible; de que se hubiera vuelto un tonto, y que la poesía ya no tuviera un lugar donde sentirse acogida entre sus sinapsis y sus neuronas, entre sus manos y sus ojos. Lamentábase así, entre la autocompasión y la verdadera tristeza; el escritor no sólo consideraba la poesía como algo valioso, ni tampoco sólo como una vocación; era el único oficio que consideraba verdadero, la única habilidad importante que tenía, y la idea de perderla era realmente aterradora. Un mosquito zumbaba insistentemente cada par de minutos cerca de su oído, y eso hacía más difícil dormir, ya que tenía que estar pegando cabezazos de un lado a otro y moviendo la almohada cada vez que sentía al fiero animal acercarse a la recóndita cueva de su oreja derecha.

En éstas estaba, digo, nuestro héroe, cuando de repente una imagen le vino a su cabeza: un hombre con bigote, semblante serio, y sin saber por qué, la palabra “salitre”. Nuestro hombre enseguida reconoció en el bigote y el salitre a la musa, que había decidido venir a visitarle de sorpresa, y él con estos pelos y peleándose con un mosquito. La musa, a través de los labios del hombre desconocido, le susurró: “el rigor del salitre en el bigote”. La misma historia de siempre: una imagen inconexa, y un verso. Lo demás dependía de él. Se encontraba ahora en la disyuntiva entre apuntarlo en un papel o tener la esperanza de recordarlo todo al día siguiente. Nuestro escritor, que ya tenía experiencias previas de este tipo, supo que la segunda opción no funcionaría. De repente vinieron más imágenes: las cenizas de unos hombres muertos que bajaban de un barco. Una taberna, unas putas.

El escritor tomó clara conciencia de que no debía dejarlo pasar y se levantó decidido a apuntarlo todo para el día siguiente y de paso ver si localizaba al mosquito para fumigarlo. Mientras buscaba un papel donde apuntarlo todo, comprendió que si no se ponía a escribir la atmósfera de lo que tenía se perdería. Encendió el ordenador y se plantó delante de la página en blanco. A estas alturas ya no tenía miedo, y empezó a escribir. Resultó que, por el camino, la musa sola hizo criba y escarnio de algunas de las imágenes, y otras hubo de camuflarlas un poco por el bien del poema. A los pocos minutos lo tenía todo allí: el hombre del bigote, la mar, y el barco. Y su casa y su vida y las putas, que también eran parte de su vida. Observó en silencio aquellas líneas y, sin que nadie lo supiera, dio gracias. Encendió un cigarro y se dispuso a releer. No sabía, ni supo, si aquello era bueno o malo: nunca lo había sabido, y había aceptado y comprendido que no era su labor decidir el valor de aquellas líneas. Y menos, en ese momento.

Mientras releía, se dio cuenta de que aquella historia tenía mucho que ver con otras que había escrito hace mucho tiempo, con otras historias que creía que nunca volverían a su cabeza y a sus manos, que había dejado finiquitadas a pesar de no haberlo querido. Se sorprendió: no todos los días tomaba conciencia clara de que el tiempo pasa a ritmo diferente por el cuerpo y por el alma. Tampoco supo si eso era bueno o malo, pero tampoco era su labor decidirlo. Después de releerlo por segunda vez y acabar el cigarro, apagó el ordenador y volvió a la cama. En el silencio, ahora cómodo, dio las gracias de nuevo y se sonrió para sí. Como decía alguien: tal vez hubiera nieve en la azotea, pero aún se conservaba el fuego en la lumbre. Mientras intentaba quedarse de nuevo dormido, pudo comprobar que el mosquito todavía seguía allí.

Archivado bajo:apuntes, prosita

Los Marinos

LOS MARINOS

Han vuelto de la mar, cayendo octubre,
el rigor del salitre en los bigotes,
sus pies extraños sobre tierra firme.
Van musitando apenas dos palabras
por el embarcadero. Ya amanece
y asoman las mujeres por el pueblo.
Las cajas de pescado van bajando, y los marinos
miran al horizonte y a sus casas:
pronto estarán tomando el desayuno,
camino del colegio irán los niños.
Van descargando cajas los marinos
y ahora están camino de la casa;
sus mujeres, cada vez menos suyas,
juegan los niños a no conocerles.
Muy pronto en la taberna están anclados
con el olor a muerto goteando
entre los pliegues rotos de sus ropas,
rumiando lentamente sus cigarros.
Hay mujeres también en la taberna:
como a las suyas propias, las aman brevemente.
Pronto se hace de noche y ya de día:
hay que partir de nuevo, el mar espera,
no hay tiempo ahora para despedirse.

Archivado bajo:versitos

Call me

Voy a aprovechar este domingo musical para seguir dando una idea errónea de la música que escucho la mayoría del tiempo. Y lo voy a hacer con dos novedades americanas y una española. Mucha gente se mete conmigo cuando habla de rap porque suelo decir que el rap de mochila (backpackers en el término original) no me gusta, y que me parece que en España vamos para atrás si seguimos haciendo eso que la iluminada élite del rap de los 90 en España vino a llamar rap hardcore. Ejemplo uno y ejemplo dos. Yo digo que el futuro de esta música en este país está aquí y aquí, y se me enfadan. Si después de haber escuchado eso no están de acuerdo conmigo, pueden dejar de leer aquí tranquilamente.

Pues bien, ocurre de vez en cuando que hasta los mochileros te dan sorpresas agradables. En este país esto ha ocurrido en rarísimas ocasiones. Gente que hacía buena música, como Tr3s Monos o Crema, están a día de hoy prácticamente desaparecidos -o eso creo- mientras que la gente corea en los conciertos a Nach y a Toteking y a Shotta y yo con estos pelos y sin darme una úlcera. Pero en fin, al tema. El domingo musical de hoy gira alrededor de mochileros que hacen buenas canciones. Aunque sea de vez en cuando. Puede que sea cosa de mi gusto, pero esto suele ocurrir cuando el mochilerío se basa en un buen uso de la música jazz, sobre todo del cool jazz, o del soul de los cincuenta, más que con la música funk que tanto se menciona en estos momentos; es el caso de grupos como Jay Are o Jazz Liberatorz.

Hoy nos alejamos un poco de eso y nos vamos a quedar con dos novedades. La primera de ellas de Joell Ortiz, que para mi gusto la mayoría del tiempo es más pesado que un tanque en una pestaña, pero que se ha juntado con Novel para crear un tema llamado Call me, que para éste que les habla es una auténtica delicia. La segunda de ellas proviene de un desconocido -para mí- Element. El nombre que me llamó la atención del tema a la hora de pillarlo fue el de Boozoo Bajou, que son uno de los mejores grupos del lounge reciente y padres de joyitas como ésta. Los Bajou haciendo hip hop; esto no me lo pierdo. Y el tema, Sign, no decepcionó en absoluto. Y aquí la dejo.

La última novedad es casi improvisada y la acabo de escuchar mientras escribía esta entrada. Es obra de un mochilillas español, Rase. Tiene el encanto de la influencia del jazz que comentaba antes y el de mezclar en sus letras las idas de olla típicas de los mochileros con ciertas dosis de cotidianeidad bien entendida que a mí me gustan mucho. Una muestra. El trabajo se llama Niveles de conciencia y lo pueden descargar gratuitamente en su web.

Archivado bajo:música

Mi butaca: Remordimiento (Ernst Lubitsch, 1932)

Remordimiento es el último drama serio de Lubitsch, y también su primera película sonora (recordemos que la de 1929-1930 había sido la primera temporada completamente sonora en la Historia del Cine, después del sonado éxito de El cantor de Jazz). Quizá la película más atípica dentro de la filmografía del creador del toque Lubitsch, Remordimiento narra la historia de un soldado y músico alemán sobrepasado por el sentimiento de culpa que la provoca haber matado a un soldado francés, también músico, en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Tras un fallido intento de confesión con un sacerdote -¿vengo a la casa de Dios y esto es lo que me dicen, que lo olvide y que no pasa nada?-, el protagonista, que conoce la dirección del soldado muerto, decide ir a visitar a su familia a Alemania para encontrar así compasión y perdón, no necesariamente por este orden.

Este pequeño manjar que nos brinda Lubitsch -apenas una hora y doce minutos de duración- es, a ratos, sintomático de lo que luego serían los pilares estilísticos de su cine. Unas situaciones fuertes, cierta ambigüedad y sutileza a la hora de retratar los temas, y el humor de enredo y diálogo que luego haría tremendamente popular en películas como Ser o no ser (aunque, eso sí, muy comedidamente en esta película, por necesidades de guión).

Así pues, Remordimiento es una película de guerra. Y un alegato antibelicista. No de un antibelicismo megalómano y de grandes combates o de hablar del futuro del mundo y del hombre. El antibelicismo de Lubitsch es el del dolor de un solo hombre, de una sola familia. Del dolor y de la esperanza. En este sentido, Remordimiento se mueve dentro de unos cánones que había sentado ya dos años antes, en 1930, una de las grandes películas del género: Sin novedad en el frente. Y la mejor forma de hablar del dolor y de la esperanza es poner a un Lionel Barrymore viejo y cansado y triste por haber perdido a su hijo en la Gran Guerra. Y vaya si es buena la forma. Barrymore nos regalará aquí escenas absolutamente memorables, como la primera conversación que tiene con el asesino de su hijo -sin saberlo-, o una en la que habla con los parroquianos de la taberna a la que suele ir, y en la que define a la guerra como el lugar al que los padres viejos e inútiles envían a sus hijos a matar y a morir. Los niños alemanes aprenden francés; los niños franceses aprenden alemán. Luego los sacamos de la escuela y los enviamos a matarse.

El único pero que quizá pueda ponérsela a esta película es el de un guión demasiado corto que tal vez no resuelva todo lo bien que debiera algunos asuntos que se tratan por falta de tiempo material; o bueno, que Nancy Carroll parece de todo menos alemana en su papel de Fraulein Elsa, y que Phillip Holmes parece una mezcla extraña entre Chaplin y un desconocido actor cualquiera del cine mudo durante buena parte del metraje, abriendo mucho los ojos y haciendo movimientos extraños que la cámara no puede seguir. En todo caso, la trama es estupenda, la película en sí es estupenda, y quizá sea una película necesaria para quienes deseen comprender del todo a Lubitsch.

Archivado bajo:cine

L-O-V-E

Hoy cambiamos un poco el registro musical y nos movemos hacia el jazz, el swing y el soul. Y hacemos un recorrido temporal también. Desde Nat King Cole, uno de los grandes absolutos de los 50 -a pesar de que algunos le acusaran de haber abandonado el jazz en pos de la música de banda- a Joss Stone, una nena de mi edad que se mueve en los círculos del R&B y el “Nu Soul” -ya hablaremos otro día de esto- y que ya tiene un contrato con EMI, y yo con estos pelos. Y lo hacemos a través de una de esas canciones clásicas para los aficionados al Rat Pack que a pesar de todo tenían su lado romanticón y babeante: L-O-V-E. Nat King Cole hizo una auténtica delicia con ella, y la verdad es que la versión de Joss Stone, publicada en un single del mismo título lanzado por Virgin en 2007 y que a día de hoy aún pueden escuchar en el fantástico anuncio de Coco Mademoiselle protagonizado por Keira Knightley, le anda a la zaga. Mientras que la versión de Nat es, como muchos de sus clásicos, muy melódico y muy suave y muy, por decirlo así, “directa al grano”, la de Joss Stone se entretiene un poco más con arreglos y flautas que, en todo caso, suenan bastante bien. Que lo disfruten.

Nat King Cole – L-O-V-E

Joss Stone – L-O-V-E

Archivado bajo:música

En twitter

del.icio.us

 

Octubre 2009
L M X J V S D
« Sep   Nov »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031