Miradle porque ya se marcha,
lo noto en el invierno prematuro
que se come las cuencas de sus ojos,
lo noto en su mandíbula afilada,
en su carne arrastrada y amarilla.
Lo noto en los sollozos de mi madre,
un eco retumbante de tambores
noto en su alma que se está marchando,
casi puedo tocar el grito seco
desde la yema mustia de sus dedos,
está llorando el mundo en este viento,
de puro frío se ha congelado todo.
Mirad todos su alma que se marcha
con la fanfarria enorme del silencio
en esta noche hueca que se hunde.
Se pudrirá su carne y esta duda
será toda la herencia que nos quede.
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