IV
Ha sido otro mal año de cosecha.
Observamos de nuevo el campo seco,
observamos de nuevo el cielo seco.
Cuando amanece el día, ya observamos
los surcos de la tierra con anhelo,
y marchamos cansados con la noche,
con la mirada llena de unos surcos estériles.
Al acabar la cena nos reunimos
con los vecinos y la leña ardiente,
y hay mucho silencio y pipas encendidas.
Preferimos no hablar de la cosecha:
partiremos el pan en trozos más pequeños.
Los ojos de los hombres que observan la candela
son los de los soldados de reserva
en una guerra larga surcada por la duda.
Archivado bajo:versitos
Comentarios recientes