Diciembre 30, 2007 • 9:39 pm
En la nueva sección que hoy inauguro en este blog, me dispongo a cargarme la típica cita célebre que suena muy bien pero que bien puede ser una tontería. Comenzamos con Joan Luis Vives, que dijo algo tal que así: “Si no me engaño me parece buena la siguiente proporción: cinco partes de lectura, cuatro de meditación, tres de escritura, que la lima reducirá a dos, y de estas dos sacar sólo una a la luz pública”. Pues bueno, se engañaba, o al menos no se había enterado de lo que mola. Voy con mi receta, señor Vives: cinco partes de conversación, cuatro de contemplación, tres de lectura, que la pereza y la vida reducirán a dos; luego escribirás una, con suerte, corregirás más de media, y reza para publicar. Mucho mejor, ¿no?
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Diciembre 26, 2007 • 3:54 am
Bukowski dice:
8GB de Runaway 2
O_O
Ya veo el proceso de este juego.
Instalar, buscar guía, imprimir guía, abrir, jugar a toda hostia, flipar, desinstalar, destruir guía, decir que me lo pasé rapidísimo sin guía.
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Diciembre 11, 2007 • 3:33 pm
Se queda todo fuera. Y qué, estando tú dentro.
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Diciembre 5, 2007 • 11:40 pm
Las piedras son parte del camino. Y, en cierta medida, están ahí para que tropecemos con ellas. Unas están ahí desde tiempo inmemorial. Otras las pusieron otros a sabiendas. Otras las pusimos nosotros mismos. El caso es que es imposible esquivarlas, a veces. Y en esos momentos uno tropieza y cae y se raspa las rodillas que quedan ensangrentadas y maldice en voz baja y bebe vino. Es fácil negar entonces: magníficos endecasílabos que lo niegan todo categóricamente. Negar es lo más fácil del mundo, el grito del desesperado que se rinde ante el sonido lejano del fragor de la batalla. Recuerdo a uno que llegó a negar tres veces. Debió de dar con una buena piedra. Como al que negó tres veces, la mañana le hace ver al que niega las cosas con una luz distinta. Y ésa es toda la esperanza, que una luz nueva alumbre el camino. Para poder seguir andando.
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Diciembre 4, 2007 • 8:31 am
Cómo llamarla hogar, si falta todo:
una ventana chica en la cocina
para mirar tranquilo las mañanas,
una puerta robusta de madera
que crucen mis amigos cuando quieran.
Por dónde mis amigos, me pregunto,
por qué puerta secreta llevaría
a mis amigos a un jardín enorme
donde contar historias hasta tarde
en el que siempre es noche de verano.
Y me faltan ventanas, lo presiento
en los naranjos fuera que me gritan
que están siendo frondosas las mañanas,
en los pájaros tercos que me buscan
en alféizar de mármol que no existe,
que piden, diligentes, su merienda
de pan duro con agua. Cómo puedo
llamar a este lugar mi propia casa.
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Diciembre 2, 2007 • 10:55 pm
Él dormía mientras ella le esperaba impaciente, ansiosa. Le deseaba, y él lo sabía. Claro que él sólo lo supo después. Cuando se enteró de que ella la esperaba, sonrió para sí, satisfecho de haber estado dormido mientras tanto. Pero sabía que se engañaba: él la echaba de menos más que nada en el mundo. Él era el que se había ido a dormir para no tener que esperar despierto, para controlar la impaciencia y el ansia. Sonrió de nuevo para sí: lo mejor de todo es que ella nunca lo sabría.
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